Oussama, un joven marroquí de 21 años, ha dejado atrás la playa de El Trampolín y ahora pasa las noches en los alrededores del asentamiento provisional de Loma Colmenar, en Ceuta, a la espera de una oportunidad para entrar en el centro temporal
La primera vez que llegó hasta allí, hace casi un mes, todavía llevaba una escayola en la mano por la fractura de un dedo sufrida al tocar tierra después de una travesía a nado de tres horas que estuvo cerca de costarle la vida. Hoy, el cansancio es visible en su rostro, con ojeras marcadas y un aspecto mucho más deteriorado que entonces
Del mar a la calle
Tras semanas durmiendo en la playa, Oussama se trasladó a las inmediaciones de Loma Colmenar después de escuchar que podrían abrirse plazas en el centro. Allí volvió a pasar la noche al raso, junto a las fachadas de viviendas cercanas, porque asegura que no tiene otra alternativa
El joven explica que en la zona siguen quedando cientos de migrantes, aunque la presencia policial y militar ha evitado que la tensión se desborde. Aun así, el malestar entre los vecinos de las barriadas periféricas ha ido en aumento por la concentración de personas durmiendo en la vía pública
Una petición de asilo y un futuro pendiente
Oussama insiste en que su objetivo no es generar problemas, sino pedir asilo. Dice tener pruebas para iniciar el trámite y repite que llegó a Ceuta con la intención de regularizar su situación
Mientras espera noticias, mantiene intacto su plan de retomar los estudios de informática y ayudar a su madre enferma en Marruecos. Treinta días después de cruzar el mar, sigue aferrado a la idea de que su oportunidad acabará llegando