Teherán, 29 ago. El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, admitió que las sanciones económicas de Estados Unidos y el bloqueo de puertos y buques están golpeando a la economía del país, con una caída cercana al 35 % en las exportaciones e importaciones

En una entrevista con la televisión estatal, el mandatario sostuvo que las dificultades ya se sienten en la vida diaria de la población y advirtió que la inflación podría acelerarse si las medidas se mantienen

La presión sobre los precios ya es elevada: en julio, la inflación interanual llegó al 87,9 %, mientras que en alimentos y bebidas alcanzó el 128 %

Pezeshkian señaló que buena parte de las compras externas llegaban por vía marítima, pero ahora Irán debe buscar rutas alternativas, pagar más por los productos y asumir costos de transporte más altos

También dijo que las exportaciones de petróleo se han resentido, aunque no ofreció detalles. Añadió que, durante las semanas en que estuvo vigente el memorando de entendimiento firmado con Estados Unidos en junio, Teherán exportó 90 millones de barriles

La República Islámica arrastra sanciones estadounidenses desde hace años, pero esta semana Washington puso en marcha la operación Paria Económico para aislar aún más financieramente al país en medio de una guerra que ya cumple seis meses

A ello se suma el cerco impuesto a puertos y barcos iraníes desde julio, después de que Teherán volviera a bloquear el estrecho de Ormuz. Según Pezeshkian, en los últimos meses el comercio exterior iraní se redujo entre un 25 % y un 35 %

Irán ha descrito las nuevas sanciones como terrorismo de Estado y guerra económica, y ha pedido a otros países que no las apliquen

El deterioro económico también alimenta el malestar social. En los últimos años, la crisis ha impulsado protestas contra la República Islámica. La más reciente, a finales del año pasado, surgió por el alto coste de la vida y llegó a exigir el fin del sistema político, hasta que fue contenida con una dura represión

Las autoridades iraníes reconocieron entonces 3.117 muertos, mientras que organizaciones de derechos humanos como HRANA, con sede en Estados Unidos, elevaron la cifra a más de 7.000