El cáncer colorrectal es la tercera causa de cáncer más diagnosticada en el mundo y la segunda en mortalidad oncológica, con más de 2 millones de nuevos casos y 918.000 muertes registradas en 2024, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los especialistas advierten que ciertos comportamientos diarios elevan ese riesgo de forma silenciosa, y que la mayoría de los casos no presentan síntomas tempranos, lo que convierte a la prevención en la herramienta más accesible frente a una enfermedad en ascenso

Según expertos citados por EatingWell, las tasas de cáncer colorrectal crecen entre personas menores de 50 años en al menos 27 países de todo el mundo, una tendencia que los oncólogos atribuyen en parte a hábitos de vida modificables. Pashtoon Kasi, director médico de oncología médica gastrointestinal del Centro de Cáncer Lennar Foundation de City of Hope en el condado de Orange, señaló al medio que “frecuentemente el cáncer colorrectal no presenta síntomas, por lo que realizarse estudios de detección temprana y regulares, según lo recomiende el médico, es clave”

Los especialistas consultados por EatingWell identificaron cinco actividades habituales que pueden potenciar ese riesgo, junto con medidas concretas para reducirlo. 1

Pasar largas horas sentado Una jornada sedentaria eventual no basta para alterar el riesgo oncológico. El problema surge cuando el sedentarismo se convierte en patrón sostenido

Steven A. Lee-Kong, jefe de cirugía colorrectal del Centro Médico Universitario Hackensack, explicó a EatingWell que “la inactividad puede contribuir a la resistencia a la insulina, a la inflamación crónica de bajo grado y al exceso de grasa corporal”, condiciones que generan un entorno desfavorable para la salud del colon

La OMS recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad intensa, para adultos en general. Lee-Kong también sugirió interrumpir los períodos prolongados de inactividad con pausas de pie, estiramientos o caminatas cortas

2. Consumir poca fibra de manera habitual Cuando la dieta carece de fibra, los residuos permanecen más tiempo en el colon, lo que prolonga el contacto de compuestos potencialmente dañinos con las células que lo recubren

Además, una ingesta baja de fibra reduce la producción de ácidos grasos de cadena corta como el butirato, que nutren las células del colon y regulan la inflamación. Un metaanálisis citado por EatingWell encontró que una mayor ingesta de fibra —tanto soluble como insoluble— se asoció con un menor riesgo de cáncer colorrectal

Lance Uradomo, gastroenterólogo intervencionista, subrayó que “la fibra proporciona energía a las células del colon y ayuda a que el tracto digestivo funcione con fluidez”. Su recomendación es incorporarla de forma gradual en comidas ya habituales: legumbres en el almuerzo, frutas con semillas en el desayuno o guarniciones de granos enteros en la cena

3. Beber alcohol con frecuencia El metabolismo del alcohol genera acetaldehído, un compuesto carcinógeno capaz de dañar el ADN

Las bacterias intestinales también intervienen en este proceso, lo que expone directamente a las células del revestimiento del colon. Además, el consumo regular interfiere con el folato, una vitamina B involucrada en la reparación del ADN y la división celular

La OMS y la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifican al alcohol como carcinógeno del grupo 1, e identifican al cáncer colorrectal entre los tipos de cáncer con vínculo causal demostrado con su consumo. “Reducir o eliminar el alcohol es un factor de estilo de vida en el que vale la pena enfocarse”, señaló Kasi, y aclaró que incluso los bebedores moderados enfrentan un riesgo mayor

Incorporar noches sin alcohol, optar por bebidas sin graduación o reducir la cantidad por ocasión son cambios que pueden marcar una diferencia. 4

Fumar El tabaco expone al organismo a carcinógenos que afectan tejidos más allá de los pulmones. En el colon, esas sustancias pueden dañar el ADN y favorecer el crecimiento de pólipos precancerosos, según Lee-Kong

Un metaanálisis referenciado por EatingWell encontró que fumar se asoció con mayores probabilidades de desarrollar cáncer colorrectal. Kasi equiparó el tabaco al alcohol como factor de riesgo: “Ambos pueden aumentar el riesgo de cáncer por la manera en que afectan negativamente a las células sanas”

Para quienes intentaron dejar de fumar sin éxito, consultar a un médico o farmacéutico sobre medicación o asesoramiento profesional puede mejorar las chances. Las líneas de ayuda para dejar el tabaco también ofrecen acompañamiento entre consultas

5. Postergar los estudios de detección Durante una colonoscopía, los médicos pueden extirpar pólipos antes de que se vuelvan cancerosos

Cuando el estudio se retrasa, esos cambios precancerosos o los cánceres tempranos tienen más tiempo para desarrollarse sin ser detectados. La ACS recomienda que los adultos con riesgo promedio comiencen los controles regulares a los 45 años y continúen hasta los 75, siempre que estén en buen estado de salud

Existen distintas modalidades de detección: la colonoscopía es una opción, pero también hay pruebas basadas en heces y análisis de sangre disponibles para ciertos perfiles. “Algún tipo de estudio es mejor que ninguno”, resumió Kasi en declaraciones a EatingWell

El tipo de control más adecuado dependerá del nivel de riesgo individual, los antecedentes familiares, el historial de pólipos y la presencia de síntomas como sangrado rectal, cambios persistentes en los hábitos intestinales, dolor abdominal sostenido o pérdida de peso sin causa aparente