Crecido en Bajo Boulogne, Daniel Cerezo pasó su niñez entre carencias materiales y la muerte temprana de su padre. El giro decisivo llegó cuando entró a un centro cultural comunitario: allí encontró la música, pero también un espacio donde podía expresarse, ser escuchado y empezar a creer en sí mismo
La enseñanza de una maestra
Ese aprendizaje estuvo marcado por Lili, su profesora de música, que no solo le enseñó repertorio clásico, sino que incorporó las canciones que él escuchaba en el barrio para acercarse a su mundo. Para Cerezo, ese gesto condensó una idea central: la ayuda no debería partir de la carencia del otro, sino de un vínculo entre iguales
Desde esa experiencia, sostiene que la caridad entendida como una relación vertical erosiona la confianza, mientras que compartir abre un terreno común donde ambas partes aprenden. Esa visión atravesó luego toda su trayectoria profesional
Bienestar con impacto real
Con el tiempo, Cerezo se convirtió en el primer gerente de felicidad y cultura del país en la empresa de alpargatas Páez. Allí impulsó acciones concretas vinculadas con el reconocimiento, la pertenencia y el trato respetuoso: unificar comedores, mejorar oportunidades a través del trabajo y fortalecer la cultura organizacional
Más adelante fundó CreerHacer, una empresa social pensada para conectar el mundo corporativo con los barrios vulnerables. Su funcionamiento combina servicios a empresas, gobiernos y organizaciones civiles con programas financiados por esa actividad
Herramientas para liderar la propia vida
La organización desarrolla talleres de inteligencia emocional, liderazgo, comunicación asertiva y resiliencia, con especial foco en personas que viven en asentamientos y contextos críticos. El objetivo no es solo transmitir conocimientos, sino desmontar la sensación de exclusión y habilitar a cada participante como protagonista de su propio recorrido
Cerezo remarca que la principal dificultad al llegar a estos territorios es la desconfianza. Por eso, dice, la clave está en hablar desde la experiencia propia y llevar los conceptos a la vida cotidiana. El trabajo de campo sostenido por gestoras del mismo entorno ayuda a construir vínculos reales y a sostener el proceso
Su mirada también interpela al sector privado: para él, los barrios populares aportan resiliencia, creatividad y una lógica comunitaria que las empresas deberían observar más de cerca. En esa ida y vuelta, afirma, puede haber mejores climas de trabajo, más productividad y relaciones humanas más sanas