Durante la noche, mientras el cuerpo descansa, hay una etapa en la que el cerebro funciona casi como si estuviésemos despiertos. Se la conoce como sueño de movimiento rápido de ojos, o REM, y durante ella los ojos se mueven intensamente bajo los párpados cerrados mientras los músculos de brazos y piernas quedan paralizados para evitar que actúemos físicamente los sueños

El descanso que no es tal

Antes de que los investigadores identificaran esta fase en la década de 1950, se creía que el cerebro durante el sueño estaba relativamente inactivo. Hoy se sabe lo contrario: el REM representa un estado de conciencia extraordinariamente activo, donde el organismo genera sueños vívidos, consolida recuerdos y procesa información emocional

Los expertos lo describen como un proceso paradójico: el cuerpo está apagado, pero la mente está encendida. Aún queda mucho por descubrir sobre este fenómeno, aunque los especialistas coinciden en que es esencial tanto para la salud mental como para la longevidad

Cómo se estructura el ciclo nocturno

El sueño se organiza en cuatro etapas que se repiten entre cuatro y seis veces por noche, en ciclos de 90 a 110 minutos. Primero llega la fase ligera de no-REM, donde la respiración y el pulso se desaceleran. Luego viene una segunda etapa no-REM en la que la temperatura corporal baja y las ondas cerebrales se vuelven más lentas

La tercera fase, el sueño profundo, es cuando el cuerpo repara tejidos, fortalece las defensas inmunológicas y libera hormonas. Finalmente se alcanza el REM, donde se acelera la frecuencia cardíaca, se incrementa la actividad cerebral y se iluminan las regiones responsables del procesamiento emocional y sensorial

Los ciclos más extensos de REM tienden a concentrarse en las últimas horas de la noche, lo cual explica por qué las personas que se despiertan muy temprano suelen perder buena parte de esta fase crucial

Beneficios que van más allá de la reparación física

Una de las funciones más importantes del REM es su capacidad para separar los recuerdos de su carga afectiva. Es decir, el cerebro retiene la información pero reduce el impacto emocional de las experiencias difíciles. Por eso muchas veces nos acostamos molestos y amanecemos más serenos

Además, durante el REM se fortalecen las conexiones neuronales creadas durante el día y se las integra con el conocimiento previo. Este proceso no solo mejora el aprendizaje, sino que también potencia la creatividad: investigadores demostraron que las personas despertadas durante el REM resolvieron un 32% más de acertijos que aquellas interrumpidas en otras etapas del sueño

Los sueños vívidos que ocurren en esta fase podrían ser una manifestación de ese trabajo neurológico, aunque algunos especialistas plantean que también podrían servir para procesar experiencias dolorosas. En cuanto a los cambios hormonales, ciertas secreciones como la testosterona alcanzan su pico al inicio del reposo nocturno

Las consecuencias de una privación crónica

La mayoría de los adultos necesita entre siete y nueve horas de sueño por noche, lo que implica aproximadamente dos horas en fase REM. Con la edad se requiere menos horas de descanso en general, pero las deficiencias significativas de REM afectan la capacidad de aprender, regular emociones y resolver problemas

La falta de esta etapa también se vincula con enlentecimiento cognitivo, cuadros depresivos y trastornos neurológicos que van desde el olvido frecuente hasta demencia y enfermedad de Parkinson. Un trabajo de investigación realizado en más de 4.000 personas mostró que cada reducción del 5% en el REM se asoció con un incremento del 13% en el riesgo de muerte por cualquier causa durante los siguientes veinte años

Aunque los especialistas aún no determinaron con precisión los mecanismos detrás de esa relación, coinciden en que el sueño REM es la fase que mayor incidencia tiene sobre la esperanza de vida

Factores que deterioran la calidad del REM

Ciertos hábitos comprometen selectivamente esta etapa del descanso. Acostarse tarde y dormir pocas horas, o depender de un despertador para levantarse, recorta los períodos REM más extensos que se producen al final de la noche

El consumo de alcohol antes de dormir también afecta considerablemente el REM, ya que el proceso de metabolizar esta sustancia genera compuestos que alteran la regulación del ciclo del sueño. Los bebedores habituales presentan mayor probabilidad de desarrollar trastorno conductual del sueño REM, una condición donde la parálisis muscular no se produce y la persona ejecuta físicamente sus sueños

Ciertos medicamentos antidepresivos, la narcolepsia, la apnea obstructiva del sueño y los cuadros depresivos también elevan el riesgo de anomalías en esta fase. Cuando se trata la apnea, por ejemplo, muchos pacientes experimentan un efecto rebote que incrementa la cantidad de REM

No existe un atajo para potenciar el REM

Aunque algunas investigaciones apuntan a que el invierno podría favorecer ligeros aumentos en el REM, la idea de poder manipular deliberadamente una fase específica del sueño sigue siendo un mito. El cuerpo no responde a ese tipo de intervenciones directas

La recomendación de los especialistas es proteger la arquitectura natural del sueño: mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, respetar un calendario de comidas estable, hacer ejercicio de forma consistente, exponerse a la luz solar por la mañana y reducir la exposición a pantallas con luz azul al anochecer

También conviene evitar la cafeína y la nicotina en las horas previas al descanso, así como crear un ambiente fresco, silencioso y oscuro en el dormitorio. Una rutina de relajación antes de acostarse facilita el conciliar el sueño y alcanzar todas las fases del reposo, incluyendo ese período de intensa actividad mental que es el REM