La manzana es una de las frutas más recomendadas por su aporte de agua, minerales y fibra. Pero hay un detalle que cambia su valor nutricional: comerla con cáscara permite aprovechar mejor sus nutrientes y compuestos protectores
La cáscara concentra parte de sus beneficios
La piel de la manzana aporta fibra insoluble, mientras que la pulpa contiene fibra soluble, que en el intestino forma una especie de gel. Esa combinación ayuda al tránsito digestivo y suma efectos positivos para la salud
Además, la fruta contiene polifenoles y otros compuestos vegetales asociados con un menor riesgo de enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer. También aporta pectina, una fibra que actúa como prebiótico al alimentar a las bacterias beneficiosas del intestino
Una fruta aliada del corazón y de la microbiota
Por su contenido de potasio, hierro, magnesio, flavonoides y calcio, la manzana también se vincula con la prevención de enfermedades coronarias y de algunos tipos de cáncer. Su consumo frecuente, además, favorece la salud intestinal y puede colaborar con la salud cerebral
Azúcar natural, pero con impacto moderado
La manzana contiene azúcares naturales, en su mayoría fructosa, por lo que su efecto sobre la glucosa en sangre suele ser bajo. Incluso puede ayudar a reducir los picos de azúcar después de las comidas
Por eso, las personas con diabetes pueden incluirla en su alimentación si su médico lo indica. También destaca por generar saciedad, gracias a su alto contenido de agua y fibra, lo que ayuda a sentirse satisfecho por más tiempo
Cuánto conviene comer
No existe una cantidad única recomendada para todas las personas, pero una sugerencia habitual es consumir entre una y dos manzanas por día. En casos de enfermedades digestivas o diabetes, lo más prudente es consultar con un profesional de la salud antes de incorporarla de manera regular