La llegada de un hijo no solo modifica la rutina familiar: también puede reconfigurar el cerebro masculino. Distintas investigaciones describen una reducción del volumen de materia gris en áreas vinculadas con la interpretación de emociones e intenciones, junto con cambios hormonales y conductuales

La neurocientífica Darby Saxbe explicó que, en los hombres, el proceso suele concentrarse en la corteza cerebral y en la red de mentalización, un sistema clave para leer señales sociales. Lejos de asociarse con una pérdida de empatía, esta reorganización estaría relacionada con una mayor eficiencia para responder a las necesidades del niño

Cambios cerebrales que afinan la respuesta social

Según Saxbe, los estudios muestran que tras el nacimiento del primer hijo los hombres presentan una caída cercana al 1% en el volumen cerebral, mientras que en las mujeres la reducción ronda el 2,5%. En los padres, las modificaciones se observan sobre todo en regiones asociadas con funciones ejecutivas y razonamiento

En las madres, en cambio, los cambios abarcan también zonas subcorticales ligadas a las emociones y las recompensas. En ambos casos, el cerebro parece adaptarse a las exigencias del cuidado

Testosterona, vínculo y el llamado “dad bod”

La paternidad también puede alterar las hormonas. Saxbe señaló que los hombres que participan activamente en la crianza registran una baja de hasta 25% en la testosterona. Ese descenso favorecería un cambio de prioridades, una mayor implicación afectiva y menor tendencia a la agresividad

La especialista aclaró, además, que ni niveles demasiado bajos ni demasiado altos aseguran un mejor resultado. Los valores intermedios, más flexibles y adaptativos, se asocian con un mejor desempeño y una relación de pareja más estable

El conocido “dad bod”, o leve aumento de peso que algunos hombres experimentan al ser padres, también tendría una base biológica. Ese cambio podría relacionarse con la necesidad de reservar energía y adoptar un comportamiento más protector y menos competitivo

La pareja bajo presión

La llegada de un hijo suele tensionar la relación. Saxbe indicó que después del nacimiento puede caer la satisfacción de pareja y aumentar el conflicto, junto con el estrés ligado a la crianza

Por eso recomendó conversar antes del parto sobre la división de tareas y fortalecer la red de apoyo. La preparación previa, sostuvo, ayuda a amortiguar el impacto de la transición a la parentalidad

La salud mental también entra en juego

El ajuste no termina en lo emocional y lo físico. La experta advirtió que los síntomas depresivos también pueden aparecer en los padres, y que su prevalencia se duplica frente a la de los hombres sin hijos

En ese período confluyen cambios de identidad, falta de sueño y la dificultad para compatibilizar trabajo y crianza, factores que pueden afectar el bienestar mental

Más hijos, menor envejecimiento cerebral

Las investigaciones revisadas por Saxbe sugieren que la paternidad podría tener efectos neuroprotectores a largo plazo. Datos del UK Biobank indican que hombres y mujeres con más hijos presentan señales de menor envejecimiento cerebral

El mayor beneficio se observa, según la especialista, en quienes tienen dos o tres hijos. La interacción cotidiana con niños estimularía la plasticidad neuronal, reforzaría los lazos sociales y fortalecería la resiliencia emocional

Criar en red

La científica también destacó la importancia de la crianza compartida y del apoyo comunitario. Planteó que el cuidado infantil no debería recaer solo en una persona o en la pareja, sino apoyarse en redes amplias y flexibles

En esa línea, defendió políticas de licencia parental más amplias y una mirada cultural distinta sobre la paternidad: una etapa que no solo exige adaptación, sino que también puede transformar el cerebro, el vínculo familiar y la salud a largo plazo