Cuando Joaquina tenía cuatro meses, Cecilia Fornieles y su marido recibieron un diagnóstico que les cambió la vida: hipotonía generalizada. Hasta ese momento, eran padres primerizos que imaginaban una crianza parecida a la de cualquier otra familia. Pero, desde entonces, la rutina quedó marcada por estudios, terapias, consultas y una reorganización constante de la vida cotidiana
La nena empezó con kinesiología y luego sumó terapia ocupacional, fonoaudiología y otros tratamientos. La familia pasó a moverse de un centro a otro durante la semana, mientras al mismo tiempo criaba a Damasia, la segunda hija, dos años menor. Esa experiencia hizo visible algo que Cecilia no veía al principio: el impacto del tratamiento no recaía solo en la niña, sino en toda la dinámica familiar
Un diagnóstico que también atraviesa a la familia
Con el tiempo, Cecilia entendió que la discapacidad no era solo una condición de Joaquina. También transformaba la manera de trabajar, de organizar horarios, de tomar decisiones y de proyectar el futuro. A partir de esa certeza surgió una idea que hoy define el trabajo de El Granero: pensar la rehabilitación desde una mirada familiar y no únicamente individual
La fundadora sostiene que muchas veces el foco queda puesto en el niño y quedan afuera quienes lo acompañan todos los días. Por eso, el espacio que creó busca sumar herramientas, contención y una red de apoyo para madres, padres y hermanos, con la convicción de que un entorno fortalecido mejora todo el proceso terapéutico
El hallazgo de la equinoterapia
En esa búsqueda apareció la equinoterapia, primero como recomendación médica y después como un punto de inflexión. Cecilia notó cambios en Joaquina que iban más allá de lo físico: más contacto visual, mayor disfrute en las sesiones y una mejor conexión con su entorno. También descubrió algo que no había encontrado en otros ámbitos: una terapia donde la familia tenía un lugar real
Para ella, el vínculo con los caballos fue decisivo. Destaca que el animal ofrece un contacto genuino, sin prejuicios, y que el entorno abierto permite una experiencia distinta a la del consultorio tradicional. Además, considera que la equinoterapia puede ayudar a alcanzar objetivos en menos tiempo y reforzar la autoestima cuando una persona descubre capacidades que no imaginaba
Del mundo corporativo a un proyecto propio
Impulsada por esa vivencia, Cecilia dejó su carrera corporativa y se formó en educación inclusiva, equinoterapia y liderazgo. En 2014 comenzó a desarrollar El Granero, que inició sus actividades en 2017 y fue inaugurado oficialmente en 2019
La propuesta nació con una premisa simple: reunir en un mismo lugar distintas terapias y hacer que los profesionales trabajen de manera coordinada. Hoy el espacio se organiza en cuatro áreas: consultorios interdisciplinarios, equinoterapia y equitación, talleres para jóvenes y adultos con discapacidad, y el Programa Familias, que otorga becas a hogares de bajos recursos sin cobertura médica
Una red para no transitar solos
Además del acompañamiento terapéutico, el programa incluye orientación, apoyo psicológico, asistencia social y asesoramiento para ingresar al sistema de salud. Cecilia sabe que muchas familias desconocen sus derechos y necesitan ayuda concreta para sostener el recorrido
Después de más de una década en este camino, resume el aprendizaje en una idea: la comunidad sostiene. Encontrarse con otras familias que atraviesan situaciones parecidas genera comprensión inmediata y un alivio difícil de conseguir en otro lado
Con esa filosofía como bandera, El Granero trabaja bajo un lema que sintetiza su mirada: abrazar los desafíos en familia. Mientras proyectan construir un centro de día para jóvenes y adultos con discapacidad, Cecilia vuelve al origen de todo: la certeza de que la rehabilitación no empieza ni termina en un consultorio, sino cuando una familia deja de sentirse sola