Dormir con una luz encendida, aunque parezca tenue, podría estar relacionado con cambios medibles en la estructura y el funcionamiento del corazón

La investigación analizó los datos de 11.071 participantes del Biobanco del Reino Unido. Durante siete días, los voluntarios utilizaron un dispositivo en la muñeca que registró la cantidad de luz a la que estuvieron expuestos por la noche. Casi tres años después, sus corazones fueron evaluados mediante resonancias magnéticas

Qué cambios cardíacos se observaron

El análisis se concentró especialmente en quienes registraron una exposición nocturna superior a tres lux, una unidad que mide la iluminancia. Ese nivel puede corresponder a ambientes que todavía parecen oscuros, pero que reciben luz de la calle, dispositivos electrónicos, despertadores o fuentes exteriores

En las personas con mayor exposición se observó, en promedio, un 2,4% más de masa en el ventrículo izquierdo y un 1,5% más de grosor en su pared. Esta cavidad es la encargada de impulsar la sangre hacia el resto del organismo

También se registró una reducción aproximada del 1,9% en la capacidad de contracción del corazón. Además, aparecieron modificaciones en el ventrículo derecho y la aurícula izquierda, junto con disminuciones cercanas al 3% en distintos parámetros de deformación del músculo cardíaco

La combinación de cambios estructurales y funcionales puede corresponder a un proceso denominado remodelación cardíaca. En determinadas condiciones de estrés o ante una mayor exigencia, el corazón puede modificar su tamaño, su forma o su funcionamiento antes de que aparezca una enfermedad cardiovascular diagnosticada

El posible papel de los ritmos circadianos

Una de las hipótesis planteadas relaciona estos resultados con la calidad del descanso. La luz actúa como una señal para el reloj biológico y ayuda al organismo a distinguir entre el día y la noche

Cuando esa señal aparece durante las horas de sueño, puede alterar los ritmos circadianos y procesos asociados, como la liberación de hormonas, la presión arterial y la regulación del metabolismo. La falta o la interrupción del sueño podría explicar una parte importante de la asociación observada

Los investigadores también advirtieron que la iluminación nocturna puede reflejar otros factores del estilo de vida. Entre ellos se encuentran vivir en zonas urbanas muy iluminadas, trabajar en determinados horarios, usar dispositivos electrónicos hasta tarde o tener patrones de sueño diferentes

Medidas para reducir la luz durante la noche

Aún se necesitan nuevos estudios para establecer si disminuir la exposición nocturna puede prevenir o revertir los cambios observados. Sin embargo, reducir las fuentes innecesarias de luz durante el descanso es una medida sencilla

Cerrar las cortinas, apagar las luces del dormitorio y evitar que los dispositivos electrónicos iluminen el ambiente pueden ayudar. También es posible cubrir los pequeños indicadores LED de los aparatos que permanecen encendidos

No existe actualmente un nivel de iluminación demostrado como un límite por debajo del cual desaparezca el riesgo. Además, la exposición no proviene únicamente del interior de la vivienda: las calles, los edificios, la publicidad y otras infraestructuras contribuyen a la contaminación lumínica urbana