La baja en la vacunación infantil volvió a aparecer como una señal de alerta dentro de una discusión más amplia sobre el presente del sistema sanitario: la falta de decisiones, la escasa presencia del sector en la discusión económica y la dificultad para producir información útil para gestionar

En una nueva edición del Coloquio de Líderes en Salud, referentes de distintos ámbitos debatieron tres preguntas centrales: por qué salud queda fuera de la mesa donde se define la economía, si es posible planificar políticas sanitarias sin gobernar los datos y cómo se recupera la confianza de la población en la palabra profesional

Datos para decidir

Desde la organización del encuentro remarcaron que el sistema sanitario sigue discutiendo los mismos problemas desde hace años, con los mismos actores y diagnósticos. La apuesta, según plantearon, es sacar a la salud del encierro corporativo y llevarla al centro de las decisiones públicas

La necesidad de contar con registros confiables apareció como uno de los ejes más repetidos. La información sobre uso, stock y cobertura de vacunas es clave para definir compras, monitorear campañas y detectar riesgos epidemiológicos. También se señaló el peso creciente de datos sanitarios sin sustento que circulan en redes y espacios públicos

La confianza, en el centro

La caída de la vacunación de calendario fue mencionada como un caso concreto del deterioro de la confianza. Los panelistas advirtieron que las coberturas bajas, sobre todo en el ingreso escolar y en segundas dosis, ya tienen impacto sanitario y pueden favorecer el regreso de enfermedades controladas, como el sarampión o la tos convulsa

Durante el debate, legisladoras y especialistas coincidieron en que hace falta más explicación pública sobre la importancia de vacunar, junto con campañas oficiales más fuertes. También marcaron que la desconfianza creció después de la pandemia, en un contexto atravesado por errores de comunicación, un sistema fragmentado, turnos difíciles de conseguir y poco tiempo de consulta

Otro de los puntos discutidos fue el avance de la desinformación en salud y la posibilidad de establecer límites, multas u otras medidas cuando se difunden contenidos falsos o sin evidencia que afectan conductas individuales y ponen en riesgo a la salud pública