Marta Beatriz Echaul nació en 1925 y, a los 101 años, sigue manejando su auto y yendo a trabajar todos los días. Para renovar su registro de conducir, realizó evaluaciones físicas y cognitivas y logró obtener la autorización

A los 50 años fundó Santa Marta, una empresa de transporte general en un ámbito históricamente dominado por hombres. Desde entonces, asegura que trabaja para cuidar una compañía que considera completamente propia

“Voy a trabajar todos los días, hacerlo me da vida”, afirmó. Según contó, el emprendimiento surgió en un período de incertidumbre y dolor familiar. Para ella, avanzar fue la única alternativa

Una empresa construida en un ámbito masculino

Echaul relató que al comienzo le resultó difícil imponerse ante camioneros, sindicatos e institutos vinculados con el transporte de cargas. Con el tiempo, dijo, logró ganarse el respeto de quienes la rodeaban

Aunque provenía de una familia con una buena situación económica, eligió continuar trabajando. También destacó la importancia de leer, asistir a reuniones y mantener vínculos con otras personas. “No me siento sola”, sostuvo

El trabajo, los vínculos y la memoria

Para Echaul, el dinero, el poder y los bienes materiales no constituyen lo más importante. Le interesa ser recordada por el buen concepto que dejó en los demás y conservar la memoria de las personas significativas de su vida

Su esposo murió hace más de veinte años y una amiga falleció recientemente. Echaul contó que las ausencias pueden pesar incluso más que las presencias, aunque también afirmó que reconoce cuándo está por caer en un estado de tristeza y busca salir de él

Una forma personal de envejecer

Echaul maneja, toma una copa de vino cada noche y sostiene que mentalmente conserva proyectos y una mirada joven. Con ironía, se definió como la “antítesis” de las recomendaciones habituales para llegar a los 100 años, porque nunca caminó y siempre se trasladó en auto

También expresó preocupación por el avance de la tecnología y los robots, porque considera que pueden quitarles vitalidad a las nuevas generaciones. Al resumir su propia historia, eligió una frase: “Cuánto viviste, Marta, cuánto sufriste, pero cuánto disfrutaste”