¿Qué aprendimos del amor en casa? ¿Qué conviene conservar de nuestros padres y qué hace falta dejar atrás? Sobre esas preguntas gira el nuevo libro de Matías Muñoz, que invita a revisar la historia personal para entender de dónde viene cada uno y cómo puede construir vínculos más sanos
El psicólogo, de 56 años, plantea que el objetivo no es negar el pasado, sino reconocerlo con honestidad: tomar lo valioso, no quedarse atrapado en el reclamo y transformar lo que dejó marcas dolorosas. Su propuesta está pensada para adultos, no solo para madres y padres
Honrar lo recibido sin idealizarlo
Muñoz sostiene que valorar a quienes nos precedieron es clave porque fueron ellos quienes dieron la vida. Incluso en historias difíciles, dice, suele haber gestos de cuidado que la memoria empuja a olvidar. Nombrarlos también forma parte del trabajo de elaboración
Según explica, preservar la propia salud emocional no implica quitarles lugar a los padres ni ubicarse por encima de ellos. Implica mirar el dolor sin borrar los recursos afectivos que sí existieron, aunque hayan sido imperfectos
La adultez como un segundo nacimiento
Para el autor, crecer supone dejar de esperar que otros reparen lo que faltó y asumir una función más madura: convertirse en madre y padre de uno mismo. Desde esa posición, dice, se vuelve posible salir del niño que sigue reclamando y darle espacio a una parte interna más realista y empática
Esa mirada, afirma, también ayuda a entender que la identidad no es pura ni impecable. Está hecha de exigencia y de comprensión, de juicio y de cuidado. Reconocer esa mezcla permite elegir con más libertad cómo vivir y cómo vincularse
Trauma, lealtad y diferenciación
Muñoz dedica un tramo central de su planteo al trauma. Retoma la idea de que una herida profunda puede producir una división interna y llevar a construir una coraza emocional para sobrevivir. Esa defensa, aunque útil en la infancia, suele complicar los vínculos en la vida adulta
También describe la lealtad familiar como una fuerza que une durante generaciones. Por esa vía, explica, se incorporan tanto virtudes como conductas que dañan. La salida no es copiar ni oponerse a la familia, sino diferenciarse: decidir qué se toma, qué se deja y qué se transforma
Mirar a los padres con compasión
El psicólogo propone ampliar la mirada y pensar cómo fueron amados quienes nos amaron. En su propio caso, dice, entender la infancia de su padre le permitió suavizar reproches y ubicarse desde una comprensión más reparadora
Ese gesto, asegura, no exime de responsabilidades a nadie, pero sí abre una posibilidad de paz. Y esa paz, concluye, puede volverse también una forma más libre y plena de amar a los demás y a uno mismo