La permanencia en entornos hostiles no solo desgasta: también altera la salud emocional y física, y empuja a muchas personas a quedarse donde ya no están bien. En ese punto se ubica Michael Tennant, escritor y fundador de Curiosity Lab, que convirtió una historia marcada por la violencia y el duelo en una forma concreta de trabajar la empatía
Criado en Brooklyn en los años 80, en una familia de inmigrantes jamaicanos, Tennant creció entre el miedo del barrio y la curiosidad de la infancia. Esa tensión lo llevó a observar más de lo que podía correr o jugar afuera, y más tarde a buscar herramientas para entender lo que sentía
Del desgaste al cambio de mirada
Su recorrido profesional comenzó en la publicidad, pero el cansancio acumulado y las pérdidas personales lo empujaron a revisar su mundo interno. El punto de quiebre llegó con la muerte de dos de sus hermanos. Entonces entendió que ya no alcanzaba con resistir
“Evitar el dolor no te protege, te desconecta”, resume sobre esa etapa. Desde ahí sostiene que la vulnerabilidad no debilita: ayuda a mirar lo que queda debajo del miedo o la ira y a convertirlo en información útil para actuar mejor
Empatía como entrenamiento
A partir de esa experiencia desarrolló el modelo de las cinco fases de la empatía, una propuesta que busca llevar esa capacidad al terreno de lo cotidiano, el liderazgo y los procesos de cambio. Para Tennant, la empatía no es un rasgo fijo ni un gesto aislado, sino una habilidad que se practica
En su mirada, el primer paso es soportar la incomodidad suficiente como para no escapar enseguida al juicio o a la reacción. Ese pequeño margen, dice, puede cambiar la forma en que entendemos una situación y, por lo tanto, cómo respondemos
La dimensión colectiva
Tennant insiste en que el trabajo personal no alcanza si no se considera el entorno. La empatía, explica, también depende de la comunidad, de los límites, de la colaboración y de la posibilidad de construir ámbitos más sanos
Por eso lleva esta idea al mundo laboral con un lenguaje que las organizaciones reconocen: bienestar, seguridad psicológica, conexión e innovación. Cuando dos equipos tienen la misma capacidad técnica, sostiene, la diferencia la marca la inteligencia emocional
Una práctica sin perfección
Su propuesta no apunta a una empatía idealizada, sino a una práctica posible. Recomienda bajar la exigencia, hacer pausas antes de responder, registrar lo que ocurre en el cuerpo y entender que también hay límites: no se trata de estar disponible para todo, sino de elegir mejor dónde poner la energía
Para Tennant, empatizar no es cargar con más presión. Es ordenar, priorizar y crear mejores condiciones para vivir, trabajar y vincularse con menos automatismos y más conciencia