Sebastián La Rosa llegó a la medicina de longevidad después de atravesar distintos enfoques de formación y de experiencia personal. Hoy defiende una mirada centrada en preservar la función de los órganos y sistemas del cuerpo para vivir más años y con mejor salud, con una práctica que combina clínica, docencia y divulgación
Una historia personal que empujó la búsqueda
En su caso, la motivación no fue abstracta. Contó que creció en un entorno atravesado por prácticas de medicina alternativa y por una alimentación restrictiva que le dejó secuelas en el desarrollo. Esa vivencia lo llevó a buscar respuestas con base científica y a alejarse de las soluciones rápidas o de moda
También señaló que en redes sociales existe una sobreoferta de contenidos, pero que todavía hay una audiencia interesada en información seria, capaz de ayudar a tomar mejores decisiones sobre salud, alimentación y bienestar
Volver a las bases: comer, moverse, dormir
Para La Rosa, el eje no son los “hábitos” aislados, sino cambios sostenibles. Resume su enfoque en cinco grandes áreas: alimentación, dos dimensiones del ejercicio, sueño y personalización. Esa última, afirma, es la más difícil porque no todos responden igual
En nutrición, propone ordenar las decisiones con tres preguntas simples: qué comer, cuándo comer y cuánto comer. Según su planteo, esa mirada resulta más útil que seguir protocolos restrictivos por un tiempo corto
Si se trata de elegir un patrón alimentario con mayor respaldo científico para la longevidad, plantea que la dieta mediterránea sigue siendo la referencia, aunque con ajustes: menos lácteos, moderación de cereales integrales, más pescados y mariscos, más legumbres y presencia de hongos
El horario también importa
Uno de sus puntos centrales es el momento del día en que se come. Sostiene que el cuerpo procesa mejor los alimentos durante la mañana y el mediodía, cuando responde mejor a la insulina y regula con mayor eficiencia la glucosa
Por eso recomienda, cuando sea posible, concentrar la mayor parte de la ingesta antes de las 15. También subraya que no es lo mismo comer a la noche que hacerlo temprano, incluso si el plato es idéntico
Para reducir ultraprocesados sin hacer cambios drásticos, propone revisar no solo qué se consume, sino también en qué momento y en qué cantidad. En su visión, pequeños ajustes de horario pueden mejorar la conducta alimentaria sin exigir un cambio total de dieta
Sueño, músculo y constancia
El sueño ocupa un lugar clave en su lectura de la longevidad. Asegura que cuando mejora el descanso, también mejora el estado de ánimo, la calidad de las decisiones y la probabilidad de sostener otros hábitos saludables
En ejercicio, remarca dos prioridades: capacidad aeróbica y fuerza muscular. La actividad física sostenible, idealmente con algún componente social, es para él una de las mejores inversiones para llegar a la vejez con autonomía
También diferencia fuerza de hipertrofia y destaca que entrenar fuerza ayuda a cuidar la densidad ósea, especialmente en mujeres durante la menopausia, y a fortalecer ligamentos y tejido conectivo
Sobre el metabolismo, insiste en que no se transforma de un día para otro. Su propuesta apunta a hábitos que puedan mantenerse a largo plazo: más movimiento aeróbico, más músculo, mejor sueño y una alimentación ajustada a cada persona
Hábitos realistas, no promesas rápidas
La Rosa considera que el sedentarismo es uno de los hábitos más dañinos que se naturalizan. También advierte sobre la costumbre de resignar horas de sueño frente a otras prioridades
Para armar una rutina saludable con poco tiempo, plantea empezar por el sueño y avanzar desde el punto real de partida de cada persona. No propone saltos bruscos, sino escalones posibles que puedan sostenerse en el tiempo
Además de su trabajo clínico y académico, La Rosa recorre la Argentina con su charla “Los 5 hábitos para vivir más”. Ya pasó por Buenos Aires, Jujuy, Salta y Tucumán, y en agosto prevé presentaciones en Rosario, Córdoba y Santa Fe