Cada 12 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Juventud, una fecha que invita a pensar no solo en una franja etaria, sino también en la forma en que cada persona se relaciona con sus deseos, decisiones y proyectos

En términos estadísticos, la juventud suele ubicarse entre los 15 y los 24 años. Pero desde la gerontología aparece otra mirada: la de una juventud entendida como actitud, capaz de convivir con distintas edades de la vida

Los 60 como punto de partida

Cumplidos los 60, muchas personas sienten que todavía tienen mucho para aportar. También aparecen ganas de aprender, de retomar actividades postergadas y de entrar en una etapa con menos ataduras que la vida laboral

Sin embargo, no siempre esa transición depende del deseo personal. En ocasiones, la sociedad impone un retiro que no contempla lo que la persona quiere hacer con su tiempo, su energía y sus proyectos

La vejez, lejos de ser un momento de quietud, puede convertirse en una etapa de gran movimiento físico, mental y social. También puede ser el momento para concretar aquello que antes quedó pendiente

Más parecido de lo que parece

La juventud y los primeros tramos de la vejez comparten más rasgos de lo que suele creerse. En ambas etapas hay cambios, incertidumbre, elecciones y preguntas sobre el rumbo que se quiere tomar

Elegir implica asumir riesgos, abrirse a nuevos vínculos y ejercer la autonomía sobre la propia vida. Esa búsqueda no es exclusiva de los más jóvenes: también vuelve con fuerza cuando se llega a la madurez y toca romper mandatos o prejuicios

En ese punto, el intercambio entre generaciones puede enriquecerse. Compartir experiencias, preguntas y aprendizajes ayuda a mirar el paso del tiempo con menos rigidez y más libertad

Una edad que no siempre está en el número

Sentirse joven no significa negar los años, sino vivirlos de otra manera. Como sugiere un verso de José Saramago, cada persona puede sentir que tiene la edad que quiere y siente

La pregunta, entonces, no es solo cuántos años se tienen, sino cómo se decide transitar cada etapa. Y en esa respuesta, la juventud puede dejar de ser una cifra para convertirse en una forma de estar en el mundo