Lo que parecía una misión enfocada en encontrar un barco hundido terminó revelando otra escena extraordinaria en la Antártida. Bajo un enorme iceberg, las cámaras de una expedición registraron cientos de figuras circulares y ordenadas sobre el fondo marino
Al analizarlas, los científicos descubrieron que se trataba de más de mil nidos de peces en una zona del mar de Weddell que había permanecido oculta durante años bajo el hielo
El hallazgo se produjo durante una campaña científica realizada en 2019, que también tenía como objetivo localizar el HMS Endurance, el barco usado por Ernest Shackleton y hundido en 1915. Aunque esa búsqueda no dio resultado en ese momento, la expedición dejó imágenes inéditas de un ecosistema casi desconocido
La apertura del hielo cambió el mapa
La oportunidad científica apareció después de que, en 2017, el iceberg A68 se desprendiera de la plataforma Larsen C. Ese movimiento dejó expuestas áreas del océano que hasta entonces habían permanecido cubiertas, lo que abrió una ventana para estudiar ambientes aislados durante largos períodos
En enero de 2019, un equipo embarcado en el SA Agulhas II navegó durante 49 días con distintos objetivos científicos, entre ellos relevar la biodiversidad del mar de Weddell y buscar el Endurance. El avance no fue sencillo: el hielo marino y los bloques a la deriva complicaron la navegación durante toda la misión
Mientras exploraban el fondo con un vehículo submarino operado a distancia llamado Lassie, los investigadores advirtieron una gran cantidad de cavidades circulares sobre el sedimento. En algunas se veían peces, huevos y larvas. Eran nidos de Lindbergichthys nudifrons, una especie adaptada a las aguas extremadamente frías de la región
Una colonia con reglas propias
El análisis posterior mostró que los nidos no estaban distribuidos al azar. Había grupos compactos, estructuras en media luna, óvalos, formaciones en U y también ejemplares aislados. La agrupación más frecuente fue la de racimos, que representaron cerca del 42% del total observado
Los especialistas creen que esa disposición puede tener valor defensivo. Los machos de esta especie custodian los nidos durante unos cuatro meses y deben enfrentar a depredadores como ofiuras y gusanos marinos. Estar cerca de otros nidos podría reducir el riesgo individual, en línea con la llamada teoría del rebaño egoísta
También observaron que los nidos aislados solían pertenecer a peces de mayor tamaño, posiblemente más capaces de defender por su cuenta la puesta. Además, los gusanos cinta detectan los huevos mediante señales químicas, por lo que una concentración de nidos en un mismo sector podría dificultarles ubicar un objetivo específico
Para los investigadores, la imagen fue tan inesperada como valiosa: más de mil nidos conservados bajo el hielo ofrecen una nueva ventana sobre la vida en una de las zonas más remotas del planeta