Un nuevo estudio sobre la Vía Láctea reveló una pieza clave de su pasado: hace unos 11.800 millones de años, la galaxia absorbió a una compañera enana que aportó materia decisiva a su crecimiento inicial

La galaxia menor fue identificada con el nombre técnico Low-energy-Kraken-Heracles, o LKH, y habría tenido una masa estelar equivalente a 500 millones de soles. La colisión se produjo unos 2.000 millones de años después del Big Bang y amplía en 1.800 millones de años el registro conocido sobre la evolución de nuestra galaxia

Los cúmulos antiguos, la pista decisiva

La reconstrucción fue posible gracias al análisis de 39 cúmulos globulares ubicados a unos 20.000 años luz del centro galáctico. Estos sistemas funcionan como cápsulas del tiempo: conservan estrellas muy antiguas que permiten rastrear el origen de distintos componentes de la Vía Láctea

Con observaciones de alta precisión, los investigadores midieron la edad y la metalicidad de esas estrellas, es decir, la presencia de elementos más pesados que el helio. Ese trabajo permitió separar la población nacida dentro de la Vía Láctea de la que llegó con LKH

Una pieza más del rompecabezas galáctico

El hallazgo sugiere que las grandes fusiones externas tuvieron un papel central en la construcción de la galaxia, y no solo las estrellas formadas en su interior. Para los astrónomos, LKH representa la primera gran entrega de materia externa en la edificación del sistema galáctico actual

La historia no terminó allí. Más adelante, la Vía Láctea incorporó a Gaia-Sausage-Enceladus, hace unos 10.000 millones de años, un evento que alteró de manera permanente el disco estelar. Y el proceso sigue hoy con la absorción gradual de la galaxia enana de Sagitario

Los científicos esperan usar futuras observaciones para reconstruir con más detalle todas las colisiones que modelaron la historia de la Vía Láctea