A meses del regreso de Artemis II, Victor Glover dejó una imagen precisa de lo que significó vivir dentro de Orión: una rutina compartida hasta el extremo, donde cada tarea dependía de la coordinación entre los cuatro tripulantes

"Éramos un solo organismo", resumió el astronauta, al explicar que acciones tan simples como comer o entrenar exigían trabajo conjunto. Para Glover, la experiencia en la cápsula fue, en sus palabras, "íntima"

Una misión que rompió marcas

Más allá de esa dimensión humana, Artemis II también sumó hitos técnicos. La nave sobrevoló la cara oculta de la Luna y alcanzó una distancia superior a los 400.000 kilómetros de la Tierra, con lo que superó la referencia histórica de Apolo 13

El comandante, Reid Wiseman, sostuvo tras el amerizaje en el océano Pacífico que la misión buscó ir más allá de las fronteras habituales y "hacer algo que uniera al mundo"

El recorrido fue posible gracias al Módulo de Servicio Europeo, clave para sostener a la tripulación en buenas condiciones durante el viaje

Mirada desde la Tierra y hacia Marte

En julio de 2026, los astronautas visitaron el centro técnico de la ESA en los Países Bajos para agradecer a los equipos que siguieron la misión desde la Tierra. Allí pasaron por la sala de control Eagle y por el Laboratorio de Interacción Humano-Robot, donde se desarrollan tecnologías pensadas para futuras expediciones a Marte

Glover también puso en palabras la perspectiva que deja ver el espacio: "Somos todos Homo sapiens, sin importar de dónde vengas ni cómo te veas"

Durante la reentrada, a casi 40.000 kilómetros por hora, recordó la apertura de los paracaídas de frenado como una sensación comparable a lanzarse de espaldas desde un rascacielos

Con el regreso ya completado y los controles médicos realizados, la atención pasa ahora a Artemis III, que contará con la participación del astronauta europeo Luca Parmitano