El intento de privatizar la gestión comercial de la Copa del Mundo quedó archivado tras una semana de fuerte tensión en el futbol internacional. La decisión fue recibida como un triunfo por las 41 federaciones de la Concacaf, que cerraron filas en torno a una postura común

En esa declaración de unidad apareció también México, aun cuando al inicio había mostrado una posición contraria. El cambio terminó alineando al país con el rechazo regional al proyecto impulsado por la FIFA

Una resistencia coordinada

La reacción de la Concacaf fue inmediata después de que la UEFA también fijara su postura. Frente a la propuesta de crear la FIFA Forward Enterprise, la confederación reunió a sus asociaciones y resolvió oponerse de manera unánime

El argumento central fue claro: el control del Mundial debe seguir en manos de la comunidad futbolística y no abrirse a una lógica de privatización

Presión dentro y fuera del juego

La presión acumulada por las asociaciones, junto con el debate público sobre los riesgos del plan, empujó a la FIFA a retroceder. El movimiento fue interpretado como un límite al intento de modificar el manejo comercial del torneo más visto del planeta

La Concacaf también destacó el papel que tuvo la discusión pública para exponer las consecuencias del proyecto y acelerar el giro en la postura del organismo rector