La eutanasia puede ser una de las experiencias más dolorosas para quienes conviven con un animal. Sin embargo, algunas personas no consiguen acompañar a sus mascotas durante la despedida, debido al impacto emocional que supone ese momento

Para evitar que los perros afronten el procedimiento únicamente rodeados de desconocidos, la veterinaria australiana Lauren McNamara cuenta con una colaboradora muy especial: Nala, una perra de ocho años, cruce de Staffordshire Bull Terrier y kelpie

Una presencia que reduce el estrés

McNamara adoptó a Nala hace años y desde entonces la lleva habitualmente a la clínica. Al principio, su función era acompañar a la profesional durante la jornada, pero con el tiempo la veterinaria observó que su presencia modificaba la conducta de algunos pacientes

Cuando un perro debía ser eutanasiado sin su familia, Nala se acercaba y permanecía junto a él. Según la especialista, los animales suelen llegar enfermos, con dolor, asustados y bajo una gran tensión. La compañía de otro perro parece ofrecerles una referencia conocida en un entorno extraño

Nala suele tumbarse junto a los pacientes mientras McNamara coloca el catéter intravenoso necesario para administrar los fármacos. La veterinaria asegura que, al observar la confianza entre ambas, los perros parecen relajarse y confiar también en ella

Un apoyo especialmente importante durante la pandemia

La práctica comenzó a cobrar mayor importancia durante las restricciones sanitarias de la pandemia, cuando muchos dueños no podían entrar en las clínicas. En algunos casos, los profesionales debían llevar mascarilla y mantener distancia, lo que hacía más difícil ofrecer consuelo físico a los animales

Para McNamara, resultaba especialmente duro pensar que el último recuerdo de esos perros pudiera estar relacionado con una persona desconocida y un ambiente de temor. La presencia de Nala permitía crear un momento de calma antes y durante la despedida

La compañía de Nala no reemplaza a las familias

La veterinaria aclara que Nala no sustituye el vínculo entre los animales y sus dueños. Siempre que las circunstancias lo permiten, McNamara anima a las familias a permanecer junto a sus mascotas durante la eutanasia

Su explicación parte de una diferencia esencial: la relación entre una persona y un perro se construye con tiempo y confianza, mientras que la conexión entre perros forma parte de su comportamiento natural. Después de tantos años en la clínica, Nala también parece reconocer las rutinas y entender lo que ocurre

La experiencia llevó a McNamara a compartir el papel de Nala en sus redes sociales. Para la veterinaria, mostrar este acompañamiento es una forma de destacar cómo los animales se apoyan entre sí incluso en situaciones especialmente difíciles

La profesional considera que la presencia de Nala se ha vuelto indispensable para su trabajo y para ofrecer un entorno más sereno a los perros que afrontan sus últimos minutos sin sus familias