Mucho antes de convertirse en uno de los nombres más reconocibles de la música argentina, La Mona Jiménez tuvo una etapa breve pero intensa como futbolista. Su vínculo con la pelota empezó de chico, entre partidos barriales, pruebas en Belgrano y un paso por Bella Vista que llegó a convivir con sus primeras noches arriba de los escenarios

De adolescente, alternaba la música con la actividad en las inferiores. Tocaba con el Cuarteto Berna y, al mismo tiempo, intentaba sostener su lugar en el equipo. Esa doble rutina le complicaba los fines de semana: a veces llegaba a la cancha después de una madrugada de baile y debía cambiarse a las apuradas para no perderse el inicio del partido

Un gol que cambió la historia

Su carrera en Bella Vista encontró un punto de quiebre en un encuentro ante 9 de Julio, en Villa Páez. Entró desde el banco cuando faltaban pocos minutos y convirtió el empate con un remate al ángulo. Ese gol, que él mismo recordó como una jugada afortunada y decisiva, terminó de marcar la conversación que venía postergando con su entrenador

El técnico le pidió que eligiera entre seguir en el fútbol o dedicarse a cantar. Jiménez optó por la música y no volvió a jugar. Tenía apenas 17 años cuando dejó la pelota detrás para siempre

La decisión que lo llevó al escenario

El retiro no le resultó traumático. Poco después murió su padre y apareció la posibilidad de entrar a trabajar en EPEC, pero terminó cediendo ese puesto a su hermano menor. Con el tiempo, su camino artístico creció hasta superar las 1.000 canciones y una larga lista de discos premiados

Él mismo reconoció que su carrera musical exigió sacrificio. En los primeros años, tocaron gratis y cobraban muy poco después. Aun así, sostuvo la apuesta por la canción y nunca volvió a mirar atrás con arrepentimiento

Una relación vigente con la pelota

Hoy, con 75 años, ya no sigue el fútbol con la misma frecuencia. Los horarios de los partidos y el desgaste físico de sus bailes lo alejaron de la rutina de cancha. Sin embargo, su vínculo con el deporte sigue vivo y se reparte entre los cuatro grandes de Córdoba: Belgrano, Talleres, Instituto y Racing

También conserva un lazo afectivo con la selección argentina. En junio pasado visitó la concentración del equipo en Kansas City y fue sorprendido por Julián Álvarez y Nahuel Molina. El delantero le regaló una camiseta firmada por el plantel y luego se tomaron una foto grupal antes del tramo final del torneo

La Mona suele resumir su historia sin dramatismo: no se siente frustrado por haber dejado el fútbol. Para él, la elección fue clara y el resultado también. La pelota quedó atrás, pero nunca desapareció del todo