La negociación por los derechos de televisión del fútbol colombiano se convirtió en uno de los temas centrales de la temporada 2026. El contrato vigente termina en diciembre y los clubes ya discuten quién transmitirá los torneos profesionales entre 2027 y 2030
El debate dejó en evidencia una fractura económica entre los 36 equipos del país. Mientras algunos reclaman una porción mayor de un negocio que consideran subvalorado, otros dependen casi por completo de ese ingreso para sostener planteles, viajes y operación administrativa
Un reparto que divide
Hoy, los equipos se agrupan en categorías A y B según su permanencia histórica en la primera división, sin que eso dependa de la división en la que jueguen actualmente. Para pasar a la categoría A no alcanza con cumplir el tiempo mínimo: también debe pagarse una suma cercana a los 5.000 millones de pesos
En el esquema vigente, el 15% de los ingresos por televisión queda para la Dimayor, que lo usa para organizar torneos, cubrir gastos administrativos y asumir apoyos como hoteles y arbitraje
Del resto, el 10% se distribuye entre los clubes de categoría B y el 75% entre los de categoría A. En la práctica, eso significa que un equipo B recibe cerca de 0,90% y uno A alrededor de 3%
La brecha entre A y B
La diferencia pesa especialmente en la Primera B. Un club de esa categoría compite deportivamente en condiciones similares, pero con menos recursos para fichajes, nóminas e infraestructura. Esa desventaja se amplía cuando un equipo asciende y debe enfrentar a históricos que siguen cobrando como A
Casos como Real Cartagena ilustran esa asimetría: el club lleva años en el Torneo BetPlay y sigue lejos del grupo que recibe la mayor porción del reparto. Lo mismo ocurre con equipos que suben y bajan de categoría, como Boyacá Chicó, Unión Magdalena o Patriotas
Para algunos, la única entrada
El contraste también se ve en la estructura financiera de los clubes. Millonarios y Atlético Nacional, por ejemplo, complementan ese dinero con taquilla, patrocinios, venta de derechos deportivos y premios internacionales. En otros casos, no hay casi nada más
Bogotá FC y Tigres tuvieron en 2024 a los derechos de televisión como su único ingreso, según el comportamiento financiero reportado para el fútbol colombiano. Son dos ejemplos de cómo este dinero no solo financia competencia, sino que sostiene la existencia misma de varios equipos
Por eso, el segundo semestre de 2026 aparece como un periodo decisivo. Algunos clubes buscan una mejor distribución para achicar la brecha; otros quieren maximizar un ingreso que, para ellos, define la continuidad del proyecto
La otra pulseada: cuánto vale el producto
En paralelo a la discusión por el reparto, también está en juego el valor total del contrato. La proyección actual ronda los 60 millones de dólares anuales, pero la dirigencia cree que el producto puede valer más y aspira a acercarse a ofertas de hasta 100 millones
El operador que tiene hoy los derechos exclusivos sostiene que cuenta con la infraestructura y la experiencia necesarias para seguir al frente de las transmisiones. También afirma que está listo para igualar cualquier propuesta que aparezca en el proceso
Mientras tanto, la negociación sigue abierta y el fútbol colombiano entra en una etapa clave: definir no solo quién transmitirá sus partidos, sino cómo se repartirá una de sus fuentes de dinero más sensibles y desiguales