Lionel Messi llegó a la selección cuando todavía podía ser tentado por otro camino y la dejó cuando entendió que ya era momento de hacerlo. En ambas decisiones hubo una misma constante: coherencia. La duda, durante años, estuvo más cerca del entorno que del propio futbolista

Su anuncio no sorprendió del todo, pero igual sacudió. La historia de Messi con la Argentina fue demasiado grande como para no generar impacto aun cuando el desenlace se intuía. No se trató solo de una carrera deportiva: fue un vínculo emocional, popular y simbólico que atravesó generaciones, ciudades y formas distintas de mirar el fútbol

De la desconfianza a la unanimidad

Messi se convirtió antes en leyenda en Barcelona que en la selección. Esa diferencia alimentó durante años una pregunta incómoda, que solo terminó por resolverse con tiempo, persistencia y resultados. El talento siempre estuvo; lo que tuvo que construir fue la adhesión colectiva

Superó dudas propias y ajenas. Pasó por el golpe de la frustración, incluso por aquel retiro breve de 2016 después de la tercera final consecutiva perdida, y volvió. Lo hizo sin copiar modelos, sin forzar un personaje y sin renunciar a su manera de jugar. Terminó siendo aceptado por todos, después de haber sido de unos pocos

La marca que deja

Su legado no se mide solo en goles, partidos o asistencias. También está en lo que transmitió: competencia limpia, autocrítica, respeto por el rival y una exigencia constante para no acomodarse. Ese costado, menos visible que las estadísticas, lo volvió un ejemplo para chicos y jóvenes que lo tomaron como referencia dentro y fuera de la cancha

Con el título mundial en Qatar pudo haber cerrado antes su recorrido. Sin embargo, siguió. Lo sostuvo un equipo que le dio contención sin cargarlo de obligaciones excesivas, y un cuerpo técnico que encontró el equilibrio justo para volverlo líder sin aislarlo del resto. En un contexto más hostil, quizá la despedida habría llegado antes

Un final con peso histórico

A los 39 años jugó con la ilusión de un juvenil. En sus últimas cartas, incluso en las más íntimas, dejó entrever el desgaste físico y emocional que arrastraba. Pero también mostró la ambición de siempre: no entrar a una cancha para durar, sino para ser mejor que el rival y ganar

Ahora empieza una etapa distinta para la selección argentina, sin Messi después de 21 años. Su ausencia se notará desde el primer día. Queda una obra inmensa, con cuatro títulos y un subcampeonato en los últimos cinco años, además de partidos y momentos inolvidables. Demasiado fulgor para tan poco ocaso