“Llevo 20 años de sobriedad y esa, para mí, es la más grande de las victorias. Sabiendo, siempre, que la pelea continúa”. La frase resume el presente de Ray “Sugar” Leonard, una figura decisiva del boxeo de los años 80 y uno de los grandes nombres de la historia de ese deporte

En 2026, Leonard tuvo varios motivos para mirar hacia atrás. Cumplió 70 años, se celebró el medio siglo de su medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 y reafirmó un logro que considera central: dos décadas lejos del alcohol, después de un recorrido atravesado también por drogas, depresiones y una lesión ocular que puso en duda su continuidad profesional

Del brillo en el ring a la vida fuera del ring

Durante su carrera, Leonard construyó una reputación única: velocidad, precisión, inteligencia táctica y una capacidad especial para cambiar el ritmo de las peleas. Fue campeón olímpico, campeón mundial en varias divisiones y uno de los integrantes más célebres del grupo de los “Four Kings”, junto con Roberto Durán, Tommy Hearns y Marvin Hagler

Su ascenso fue meteórico. Después de debutar como profesional en 1977, llegó al título welter en 1979 al derrotar a Wilfredo Benítez. Luego vinieron noches decisivas: la revancha y la humillación deportiva a Durán en Nueva Orleans, el triunfo memorable sobre Hearns en una batalla de colosos y, más tarde, la consagración frente a Hagler en 1987, en una de las peleas más recordadas de su época

Pero su historia no quedó allí. Una lesión en la retina izquierda alteró su carrera y lo obligó a detenerse, volver y empezar otra vez. En ese tramo también aparecieron la frustración, la bronca, la depresión y el consumo de alcohol y cocaína, una etapa que el propio Leonard terminó contando públicamente años después

La pelea más dura

Leonard ya no vive para demostrar nada sobre el cuadrilátero. Reside en el sur de California junto a su esposa Bernadette Robi, con quien está casado desde 1993, y sigue conectado con el boxeo desde otro lugar: el de embajador, referente y hombre dedicado a causas sociales

Junto a su esposa creó en 2009 la Sugar Ray Leonard Foundation, enfocada en la prevención, investigación y atención de la diabetes infantil tipo 1 y tipo 2, además de la promoción de hábitos saludables. En ese marco, continúa participando en eventos benéficos, entrevistas y actividades vinculadas con el deporte

También mantiene presencia activa en redes sociales, donde comparte recuerdos de su carrera, mensajes personales y acciones de su fundación. Lejos de quedar atrapado en la nostalgia, Leonard combina pasado y presente: el campeón que fue y el hombre que es hoy

Un legado que sigue en movimiento

Su rutina actual incluye familia, actividad física, apariciones públicas, salidas al golf y partidos de pickleball, además de su trabajo filantrópico. Aun sin pelear, el boxeo sigue ocupando un lugar central en su vida y en su memoria

Leonard terminó su carrera profesional con un registro de 36 victorias, tres derrotas y un empate, con 25 triunfos por nocaut. Como amateur acumuló 150 combates, con 145 triunfos. Sin embargo, su legado más poderoso quizá no esté en esas cifras, sino en otra batalla: la de haber aprendido a pedir ayuda, sostener su recuperación y contar sin máscaras la parte más oscura de su historia

En julio de 2026, al celebrar 20 años de sobriedad, Leonard eligió una definición simple y contundente de su presente: un día a la vez