Boca volvió a avanzar con sufrimiento y otra vez necesitó de los penales para resolver una serie que había sido mucho más áspera de lo previsto. En ese contexto, cuando el equipo quedó obligado a reaccionar, apareció Tomás Aranda, un volante ofensivo de 19 años que cambió la sensación del partido con atrevimiento, gambeta y pedido constante de la pelota

La irrupción de un juvenil en un equipo tensionado

Aranda se fue ganando un lugar en medio de un escenario difícil. Entró primero en un equipo con urgencias, luego empezó a sostener sus apariciones con personalidad y, con muy pocos encuentros, terminó adueñándose de un rol central en la ofensiva xeneize. Ya había mostrado desparpajo en sus primeras intervenciones y también cuando el contexto se complicaba, siempre dispuesto a encarar, asociarse y volver a intentar

Su crecimiento fue rápido. Debutó a comienzos de año ante Estudiantes, siguió poco después frente a Vélez y, desde entonces, sumó rodaje hasta llegar a su partido número 25 con la camiseta de Boca en la noche de Chile

En ese recorrido también cambió de posición: apareció más abierto sobre la izquierda en un 4-4-2 y, con el correr de los partidos, empezó a recibir más por dentro para conectar el mediocampo con los delanteros

Una apuesta que ya mira la selección

La evolución de Aranda también llamó la atención de Lionel Scaloni, que lo llevó a entrenar con la selección y después lo incluyó en la mayor. El entrenador valoró su desparpajo, su uno contra uno y su naturalidad para pedir la pelota, aunque pidió paciencia por tratarse de un futbolista todavía en formación

En Boca también hubo señales de confianza. Leandro Paredes lo pidió apenas llegó al plantel porque necesitaba un enlace entre líneas, y después fue uno de los primeros en abrazarlo tras el penal fallado. Miguel Merentiel hizo lo mismo. El gesto fue elocuente: más allá del error, el rendimiento global del juvenil había sido una de las pocas noticias positivas de la noche

El penal picado que no terminó en gol dejó una enseñanza, pero no modifica el fondo de la historia. Aranda ya había marcado un gol en Primera, frente a Instituto, y viene dejando señales de un futbolista distinto: juega sin esconderse, asume responsabilidades y se anima incluso cuando el equipo está en desventaja

En un Boca golpeado por sus propias dudas, su aparición ofrece algo más que un buen partido: la posibilidad de encontrar una identidad ofensiva en un chico que todavía está empezando