La idea nació casi como una broma, pero terminó convirtiéndose en una escena histórica para la familia Lavinia Ussher. Catalina, Juana e Isabella Lavinia decidieron completar el equipo de La Matuza con su madre, Brígida Ussher, y competir juntas en el Masters femenino de polo

Las hermanas querían compartir la cancha con su mamá desde hacía tiempo. Sin embargo, encontrar un torneo que combinara exigencia deportiva y diversión no había sido sencillo. La oportunidad apareció y las cuatro se animaron al desafío

Una invitación que Brígida no esperaba

Brígida, de 47 años, había jugado partidos y torneos pequeños, pero llevaba años alejada de la competencia más exigente. La maternidad y la organización familiar la habían llevado a poner el polo en pausa

Al principio dudó. El Masters era diferente a los torneos de seis o diez goles en los que había participado junto con su esposo, Fabio Lavinia. Además, había que coordinar caballos, monturas, petiseros y la actividad de la organización familiar

Las hijas, sin embargo, insistieron hasta convencerla. Brígida aceptó apenas unos días antes de la inscripción, pagó su handicap y se incorporó al equipo. Con el número 1 en la espalda, asumió una función clave dentro del conjunto

“Yo no mandaba: las chicas me mandaban”, contó entre risas. Su tarea también fue ayudar a controlar la tensión durante los partidos y bajar la adrenalina cuando la competencia se volvía más intensa

Del reencuentro con el polo a la Copa de Plata

El nivel del torneo representaba un reto para Brígida. Debía enfrentarse a jugadoras de gran experiencia, pero aseguró que nunca sintió miedo arriba del caballo. Su objetivo era trabar, sacar a las rivales de la línea y colaborar con el equipo

La apuesta familiar superó las expectativas. La Matuza ganó la Copa de Plata del Masters después de disputar los tres partidos sin lesiones. La Copa de Oro quedó en manos de Pilará La Quince, integrado por Lía Salvo, Milagros Sánchez, Paulina Vasquetto y Lynly Fong

Para Brígida, el triunfo tuvo un valor que excedió el resultado deportivo. Sus hijos menores, Nina y Antonio, estuvieron cerca del equipo; también asistieron sus padres, sus hermanas y sus sobrinos

“Fue un mimo al corazón”, resumió al recordar que, durante buena parte de su vida, había ocupado el lugar de quien acompaña y asiste a los jugadores. Esta vez, en cambio, le tocó recibir el apoyo de toda la familia

Un esfuerzo compartido

La preparación demandó una gran organización. Las caballerizas quedaron prácticamente vacías de caballos, monturas y petiseros, porque la familia decidió afrontar la competencia con sus propios recursos

Catalina, campeona mundial en 2022 y del Abierto Argentino Femenino de 2025, destacó que reunir a cuatro jugadoras de una misma organización exigió un sacrificio enorme. También agradeció el trabajo de su padre, encargado de hacer posible la participación del equipo

Juana definió la experiencia como algo excepcional. Desde chicas, las hermanas habían aprendido a jugar junto con sus padres en Capilla del Señor y también en Inglaterra. Isabella, de 15 años, valoró especialmente haber podido compartir un torneo oficial con su madre

Hubo algunos roces propios de la competencia, reconoció Catalina, pero el balance fue plenamente positivo. Para las hermanas, lograron algo que muchas familias vinculadas con el deporte desearían vivir

Entre Inglaterra y la próxima temporada

Después del torneo, la familia concentró su actividad en el Cambridge & Newmarket Polo Club, en Inglaterra, una institución que compraron hace tres años junto con unos socios. Allí cuentan con tres canchas, propuestas de polo sobre arena y césped, además de actividades de adiestramiento y salto

Al regresar a Argentina, el clan vuelve a instalarse en Capilla del Señor, donde dispone de cuatro canchas para afrontar la temporada. Catalina continuará en La Dolfina, Juana integrará La Ensenada e Isabella se sumará a un equipo que está formando Marianela Castagnola

La posibilidad de defender la Copa de Plata en 2027 todavía no está definida. Brígida, entre la ilusión y la cautela, dejó abierta la puerta a repetir una experiencia que la familia ya considera imborrable