El giro industrial de China
Para 2030, China podría concentrar cerca del 45% del valor agregado manufacturero mundial. La advertencia fue de Leland Miller, especialista en economía china, durante el XXI Seminario Internacional del Boletín Informativo Techint
Su diagnóstico fue que el país asiático ya no compite solo en bienes de bajo valor, como textiles o juguetes, sino en sectores estratégicos y de alta complejidad: vehículos eléctricos, semiconductores, baterías, energía solar y productos farmacéuticos
Miller definió ese proceso como un “Shock de China 2.0”, más profundo que el primer salto exportador de comienzos de siglo, y sostuvo que el esquema está dirigido desde el Estado con subsidios, crédito barato y una expansión planificada de la capacidad productiva
Según explicó, ese modelo ya produjo efectos visibles en Europa, donde la industria automotriz enfrenta una presión creciente por la competencia china en vehículos eléctricos, y en el mercado solar, donde China fabrica más paneles de los que demanda el mundo
La estrategia de Xi Jinping
El analista afirmó que el liderazgo de Xi Jinping no muestra señales de freno. A su juicio, la política de los últimos años, bajo conceptos como “doble circulación”, buscó reforzar la manufactura y las exportaciones aun a costa del consumo interno, del sector inmobiliario y del empresariado privado
También recordó que la hoja de ruta quedó explícita en el plan “Fabricado en China 2025”, con el que Pekín dejó por escrito su ambición de dominar áreas como inteligencia artificial, computación cuántica, biotecnología y robótica
Frente a ese escenario, Miller sostuvo que países con recursos estratégicos, entre ellos la Argentina, pueden ganar espacio si Estados Unidos y sus aliados buscan sustituir proveedores chinos en cadenas sensibles. Su recomendación, sin embargo, fue pensar el problema en una escala de 10 a 20 años y actuar con prioridad en las industrias que podrían perderse
Argentina y el cuello de botella tecnológico
El otro gran diagnóstico del seminario llegó de la mano de Ricardo Hausmann, fundador y director del Harvard Growth Lab. Su mensaje fue que la Argentina cerró buena parte de las brechas que suelen explicar el desarrollo económico, pero no logró mejorar su ingreso per cápita
El país pasó de ubicarse en torno al 35% del PIB per cápita de Estados Unidos al 15%, pese a avances en variables como expectativa de vida, fertilidad, participación laboral femenina, urbanización y matrícula universitaria. Para Hausmann, la explicación que falta está en la tecnología
Su comparación con Corea del Sur fue contundente: en seis décadas, ese país pasó de tener un sexto del ingreso per cápita argentino a superar ampliamente a la Argentina. Hoy produce el 400% de las patentes per cápita de Estados Unidos, mientras que la Argentina apenas alcanza el 2%
Hausmann también señaló que esa distancia no se achicó sino que se amplió, y recordó que décadas atrás la Argentina registraba el 8% de las patentes norteamericanas per cápita
Innovar o quedar atado a la materia prima
El economista agregó otra comparación incómoda con China: el gigante asiático invierte 4,7 veces más de su PIB en investigación y desarrollo que la Argentina, tiene un 40% más de investigadores por millón de habitantes y genera 113 veces más patentes
Desde esa perspectiva, el problema local no es solo producir menos, sino innovar menos. Hausmann lo resumió al describir que el país no desarrolló el “motor” tecnológico necesario para transformar su estructura productiva
El resultado aparece en la canasta exportadora: mientras Corea del Sur incorporó bienes de mayor sofisticación, como químicos, electrónica y semiconductores, la Argentina sigue sumando sobre todo recursos naturales con poco procesamiento
La advertencia final conecta a ambos diagnósticos: si el mundo se reordena alrededor de China y la Argentina no construye capacidad tecnológica propia, corre el riesgo de quedar relegada al rol de proveedora de insumos y compradora de bienes terminados