Un anuncio en medio del ruido político

El Gobierno anunció una flexibilización del crédito en dólares que permite ampliar el universo de empresas que pueden tomar préstamos en esa moneda, aun cuando no generen sus ingresos en dólares. La medida fue presentada como una herramienta para impulsar la actividad, pero entre economistas y exfuncionarios despertó dudas por el riesgo de descalce y por la oportunidad elegida para comunicarla

Según la explicación oficial, los bancos podrán prestar en dólares hasta el 15% de sus depósitos en esa moneda. A cambio, las empresas deberán vender esos dólares en el mercado oficial y convertirlos a pesos. El Ejecutivo sostiene que el sistema financiero tiene una capacidad prestable ociosa cercana a los US$6000 millones

El foco está en la prudencia bancaria

La principal objeción no apunta solo al alcance de la medida, sino a la relajación de una regla que se consolidó después de la crisis de 2001: quien se endeuda en dólares debería contar con ingresos en dólares. Ese criterio buscó reducir el riesgo de que una devaluación vuelva impagables los créditos y comprometa también los depósitos

Entre las críticas apareció también la forma institucional del anuncio. Varios economistas remarcaron que la comunicación quedó en manos del Ministerio de Economía y no del Banco Central, en un momento en que el propio Gobierno impulsa cambios para reforzar la independencia de la autoridad monetaria

Reservas sobre el impacto real

Exfuncionarios y analistas advirtieron que la medida puede tener un efecto acotado sobre la actividad. Señalaron que las pymes siguen enfrentando como problema central la caída del consumo y el nivel de actividad, y que la nueva norma no cambia por sí sola la calidad de los potenciales tomadores de crédito, que seguirán necesitando buenos balances

Otros defendieron la lógica general de la decisión y destacaron que puede ayudar a canalizar dólares del sistema financiero hacia sectores como la construcción. Aun así, remarcaron que el momento elegido no parece el mejor, con el Banco Central comprando pocos dólares y con el riesgo país todavía elevado

La discusión quedó abierta entre dos lecturas: una que ve la medida como un paso limitado pero útil para ampliar crédito, y otra que alerta sobre un precedente sensible en un sistema financiero que todavía carga con el recuerdo del descalce cambiario