El cierre de la planta de Unilever en Guaymallén, Mendoza, impactó de lleno en los productores hortícolas que la abastecían con hortalizas para alimentos deshidratados. Según relataron, no fueron notificados con anticipación sobre la finalización del esquema que los vinculaba con la compañía y ahora deben redefinir qué hacer con la producción pensada para la próxima campaña

Un vínculo que quedó sin continuidad

El circuito incluía ajo, cebolla y zapallo. Los productores habían entregado la última cosecha y aguardaban definiciones sobre el programa del ciclo siguiente. Desde la empresa, en cambio, explicaron que se trataba de proveedores por campaña, no exclusivos, y que toda la producción comprometida este año fue comprada

También señalaron que no se trató de un contrato caído, sino de un acuerdo estacional que ya había concluido. Para el sector, el problema central es la falta de previsibilidad para organizar siembras, superficies y compromisos comerciales

La mirada de los productores

Orestes Nomikos, uno de los agricultores que participaba del esquema, dijo que el vínculo se había construido con una lógica de largo plazo. Aseguró que en los últimos meses esperaban definiciones sobre qué cultivos debían preparar para la campaña siguiente

Según describió, hubo poca comunicación y la decisión llegó por correo. También afirmó que el programa de cebolla directamente no se puso en marcha, pese a que la siembra debía realizarse entre marzo y abril

Nomikos sostuvo que su vínculo con la compañía comenzó entre 2013 y 2014, en un período de expectativas por mayores inversiones en la Argentina. Recordó además capacitaciones y trabajos vinculados con agricultura regenerativa junto al INTA

En términos comerciales, calculó que Unilever representaba cerca del 25% de su cartera. También destacó que, frente a otras industrias, la empresa pagaba bien. Ahora debe reubicar los cultivos y hectáreas que destinaba a ese destino

Reacomodo forzado en un sector golpeado

Entre las alternativas que analiza aparece la producción de papa para Simplot, una actividad iniciada el año pasado con proyección de mediano y largo plazo. Otra opción es avanzar hacia la cadena forrajera y la elaboración de alimentos para ganado, aunque todavía no existe una demanda concreta que permita definir esa reconversión

El productor enmarcó la situación en un escenario más amplio de caída de la demanda sobre los cultivos intensivos de Mendoza. Mencionó que el tomate para industria viene en baja por segundo año consecutivo y que la vitivinicultura también atraviesa dificultades

En el caso del ajo, señaló que Brasil sigue siendo el principal mercado y recordó que en octubre del año pasado ese país eliminó el impuesto antidumping que había aplicado. También remarcó las inversiones realizadas en riego y tecnología durante los últimos años para mejorar la productividad

Qué pasaba en la planta

La planta de Guaymallén tenía 60 operarios y trabajaba seis días por semana para deshidratar zanahorias, espinacas, ajos, cebollas y zapallo destinados al mercado interno y a la exportación. Los productos salían a granel o envasados y llegaban a destinos como Brasil, México y Alemania

Hasta hace un par de años, el 10% de las 3200 toneladas producidas se exportaba. A partir de este esquema, la Argentina pasó a ser el principal exportador de zapallo deshidratado, un desarrollo apoyado en investigaciones realizadas en la experimental local

El cierre de un modelo productivo

Para los productores, la salida de Unilever no solo implica perder un comprador, sino también desarmar una red de trabajo, inversión y planificación que llevaba años. En un contexto de menor demanda y de reacomodo general del agro mendocino, la próxima campaña aparece ahora como una incógnita