El Niño no implica lluvias extraordinarias y simultáneas en todo el territorio argentino. El fenómeno se desarrolla gradualmente, a lo largo de un ciclo de 12 meses que comienza entre marzo y abril, y sus efectos atmosféricos aparecen con cierto retraso respecto del calentamiento del Pacífico ecuatorial
Durante 2026, el evento presenta una intensidad fuerte, pero su impacto depende de las características climáticas de cada región. En el litoral fluvial ya se observan efectos importantes, mientras que en el centro del país la influencia es menor y avanza con más demora
Un escenario diferente para la región pampeana
En la región pampeana se esperan lluvias superiores a lo habitual durante el resto de la primavera. El verano tendería a registros normales, aunque podrían producirse tormentas relevantes en febrero. Luego, el otoño podría ser particularmente lluvioso
Este panorama mantiene el riesgo de nuevas inundaciones en la cuenca del Salado. Al mismo tiempo, los acumulados previstos podrían favorecer a los cultivos estivales en algunas provincias pampeanas
El papel de las represas y del Pantanal
En el litoral fluvial, el riesgo de inundaciones se relaciona también con el agua liberada por las represas de Yacyretá e Itaipú para evitar que los excedentes comprometan sus estructuras. A esto se suma el dragado realizado en el Pantanal brasileño para facilitar la circulación de barcazas
Ese humedal funcionaba como una zona de retención frente a lluvias abundantes. La modificación de ese sistema redujo su capacidad para contener agua, por lo que pueden producirse anegamientos en campos cercanos al Paraná incluso cuando las lluvias locales sean normales
La combinación entre el fenómeno climático y las intervenciones humanas eleva especialmente la exposición de sectores de Santa Fe, Chaco y Formosa próximos al río. Por eso, un El Niño fuerte no debe interpretarse como un período de superlluvias generalizadas, sino como un factor que intensifica de manera diferente las condiciones propias de cada región