Una campaña con más volumen, pero sin alivio económico

La citricultura de Entre Ríos atraviesa un momento delicado. Aunque la cosecha de este año creció más de 20% frente a la campaña anterior, la mejora productiva no alcanzó para recomponer la ecuación económica de los productores

El problema combina consumo interno deprimido, valores bajos para la fruta y costos que no dejan de subir. En ese contexto, muchos establecimientos quedaron con márgenes negativos y con dificultades para sostener el trabajo que requiere cada quinta

Una cadena que depende del trabajo manual

El macizo citrícola provincial genera más de 20.000 empleos directos e indirectos. La actividad sigue requiriendo mucha mano de obra para tareas como poda, raleo, control sanitario y cosecha

Desde el sector advierten además que, en algunos casos, el productor necesita destinar casi una cuarta parte de su quinta solo para cubrir el flete hasta los mercados. A eso se suman gastos permanentes en fertilización, sanidad y manejo de las plantas

El negocio pierde margen en toda la cadena

En Entre Ríos hay cerca de 37.000 hectáreas implantadas con cítricos, unas 7.000 en Concordia y alrededor de 30.000 en el departamento Federación. La actividad involucra a más de 1.800 productores, más de 300 galpones de empaque y más de 100 viveros

El vicepresidente de la Federación del Citrus de Entre Ríos, Walter Silva Muller, afirmó que el negocio está prácticamente en terreno negativo por la combinación de varios factores. Según explicó, en un cajón de 18 kilos que se vende a $10.000 en el Mercado Central, solo $1.800 corresponden a la fruta; el resto se reparte entre cosecha, empaque, transporte, comisiones y descarga

Exportar tampoco alcanza

La mayor parte de mandarinas y naranjas se sigue destinando al mercado interno. Las exportaciones representan apenas entre 8% y 10% del volumen total

El dirigente sostuvo que ese canal no logra expandirse por la falta de mercados atractivos, las barreras sanitarias y arancelarias, y problemas como la mancha negra y la cancrosis, que limitan el acceso a determinados destinos

El golpe del jugo de naranja

Otro factor que complicó el panorama fue la caída del precio internacional del jugo de naranja. El valor pasó de US$6000 por tonelada a US$2000, muy por debajo del pico registrado en campañas previas

Ese retroceso redujo lo que puede pagar la industria por la fruta destinada al procesamiento, que hoy se ubica entre 40 y 50 pesos por kilo en planta

Más oferta, menos poder de compra

El mercado interno, que históricamente sostuvo a muchos pequeños productores, tampoco logró absorber la oferta disponible. Este año coincidieron una producción mayor con una caída del poder adquisitivo y una demanda más débil

El resultado fue un exceso de fruta frente a un consumo retraído, con precios muy bajos y dificultades para vender especialmente los calibres chicos

Heladas y viento sumaron daños

A los problemas económicos se agregaron episodios climáticos en la zona de Concordia. Las heladas afectaron sobre todo a las variedades tardías, ya en la etapa final de la campaña

Además, un fuerte temporal de viento provocó caída de fruta, roturas de plantas y daños en forestaciones y cortinas, lo que profundizó las pérdidas en la región

El riesgo que preocupa al sector

La advertencia central del sector ya no pasa solo por cerrar esta campaña. La falta de rentabilidad amenaza con frenar inversiones básicas en las quintas y, con eso, comprometer la productividad de los próximos años

Si se postergan las tareas de manejo, recuperar esos montes puede demandar varios años de trabajo y una inversión considerable