Casi cuatro de cada diez chicos no pueden comprarse ropa o calzado. Es una de las expresiones más visibles de la pobreza infantil en la Argentina, junto con otras privaciones que afectan la vida cotidiana, el rendimiento escolar y la salud emocional
Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, elaborado por Ianina Tuñón y Valentina González Sisto, subraya que la pobreza entre niños, niñas y adolescentes bajó después de haber alcanzado su punto más alto en 2024, pero sigue en niveles muy altos: en 2026 todavía afecta a más de cuatro de cada diez
La niñez sigue siendo el grupo más expuesto
Según el estudio, la infancia y la adolescencia concentran históricamente los mayores niveles de pobreza, por encima de los adultos. El fenómeno responde a hogares con más integrantes menores de edad y menos ingresos por persona, una dinámica que profundiza la vulnerabilidad desde edades tempranas
La indigencia infantil también tuvo un pico en 2024 y casi duplicó la incidencia registrada entre adultos. Desde entonces mejoró, pero continúa siendo un problema extendido en los hogares con niñas, niños y adolescentes
Las transferencias alivian, pero no resuelven todo
El informe destaca el impacto de la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar. Ambas prestaciones, dirigidas a hogares con menores de edad, reducen de forma notable la indigencia y también moderan la pobreza. Sin esos programas, la proporción de chicos pobres sería más alta y la de indigentes prácticamente se duplicaría
Aun así, las autoras señalan que estas herramientas no alcanzan para corregir las desigualdades de fondo. La mejora en los ingresos no elimina por completo la distancia que separa a muchas familias del acceso estable a la canasta básica total y a la alimentación suficiente
Privaciones que se ven en la vida diaria
El relevamiento también muestra carencias no monetarias. El 37,5% de los chicos pobres o indigentes presenta privaciones en vestimenta; el 36,8% registra dificultades de aprendizaje; el 27,3% tiene problemas de socialización, y el 18,1% manifiesta malestar emocional, con tristeza, ansiedad o problemas para concentrarse
Estas dimensiones revelan que la pobreza no se limita a la falta de ingresos. También afecta la posibilidad de estudiar, vincularse con otros y desarrollar habilidades básicas en una etapa clave del crecimiento
Un mapa de riesgo concentrado
La UCA identifica como perfiles de mayor riesgo a los hogares con empleo informal, a las familias monomarentales y a las zonas del norte del país. En esos contextos, la pobreza infantil aparece con más fuerza y con barreras estructurales más difíciles de revertir
Para las autoras del informe, la discusión sobre pobreza infantil debe mirar tanto los ingresos como las oportunidades reales de desarrollo. Incluso cuando una familia deja de ser indigente, muchos chicos siguen expuestos a privaciones que condicionan su presente y su futuro