El pistacho atraviesa una expansión acelerada en la Argentina. El país ya ronda las 10.000 hectáreas implantadas, una superficie diez veces mayor que la registrada en el último censo agropecuario de 2018, aunque gran parte de esos montes todavía no alcanzó su etapa productiva plena

Con un rendimiento de referencia de 2000 kilos por hectárea, esa base de cultivo podría traducirse más adelante en unas 20.000 toneladas anuales. Pero ese volumen no llegará de inmediato: el pistacho exige una apuesta de largo plazo y todavía transita el período de formación en buena parte de las plantaciones nuevas

Un auge que se aceleró desde 2018

El salto comenzó a notarse con fuerza a partir de 2018 y se profundizó desde 2020. En el relevamiento agropecuario anterior se contabilizaban cerca de 1000 hectáreas productivas, con San Juan como principal provincia, seguida por Mendoza y La Rioja

Desde entonces se sumaron alrededor de 8000 hectáreas, sobre todo en San Juan, Mendoza y La Pampa. El interés creció empujado por la mejora de precios y por las dificultades de otras producciones regionales, especialmente en zonas donde la vitivinicultura perdió dinamismo

Una inversión que rinde a largo plazo

El pistacho no se comporta como un cultivo anual. Requiere cerca de ocho años para ofrecer las primeras cosechas y alrededor de 12 para alcanzar su máximo potencial

Hoy, según estimaciones del sector, solo entre el 20% y el 30% de la superficie implantada está efectivamente en producción. Eso explica por qué la oferta todavía es limitada frente al tamaño del área sembrada

La nueva frontera aparece en La Pampa, con un polo en desarrollo alrededor de Casa de Piedra, junto al río Colorado, donde ya hay unas 200 hectáreas implantadas y un proyecto orientado a impulsar más emprendimientos

Dónde producir y cómo hacerlo

El principal desafío ahora es definir con precisión qué zonas son aptas antes de realizar inversiones que recién se recuperarán muchos años después. Por eso, una de las líneas de trabajo más importantes del INTA está centrada en la zonificación, el manejo del riego, la fertilización y la formación de las plantas

El cultivo demanda además una combinación de plantas femeninas y masculinas, y en la Argentina predomina la variedad Kerman, apta tanto para snack como para pasta

Ventaja de contraestación

En el mapa global, cerca del 90% de la producción se concentra en California, Irán y Turquía, todos en el hemisferio norte. La Argentina, en cambio, puede llegar al mercado en contraestación, con cosecha previa a las fiestas y mejores condiciones para el procesamiento comercial

Aun así, la participación local sigue siendo pequeña: menos del 1% de las plantaciones mundiales y una porción todavía menor de la producción total

Demanda en alza y límite financiero

El interés por el pistacho también se apoya en un consumo global en expansión. La demanda mundial creció a un ritmo promedio del 6,5% anual durante las últimas dos décadas y ganó visibilidad reciente por su presencia en productos de alto comercial

Para los actores del sector, el principal freno para seguir expandiendo superficie no está en la tierra, el agua ni el conocimiento técnico, sino en el financiamiento necesario para proyectos de tan largo plazo

Mientras la superficie implantada sigue creciendo, el verdadero salto productivo del pistacho argentino todavía está por delante