Se cumplen cinco años de la muerte de Charlie Watts, ocurrida el 24 de agosto de 2021, y su figura sigue creciendo con el paso del tiempo. En una banda marcada por el exceso y la épica, él encarnó otra idea de grandeza: la de la sobriedad, la precisión y el control

No fue solo el baterista de los Rolling Stones. Fue su sostén rítmico, su ancla y, en cierto modo, su conciencia estética. Mientras Mick Jagger ocupaba el centro de la escena, Watts se mantenía atrás, impecable, con traje y corbata, cumpliendo una misión más importante que el lucimiento: hacer que todo sonara como debía sonar

El arte del bajo

Su imagen pública resumía su carácter. Lejos de la exhibición y del culto al estrellato, Watts proyectaba una elegancia casi aristocrática, reforzada por su fascinación por los trajes a medida y por una conducta reservada que contrastaba con el clima salvaje del rock and roll

Esa misma distancia también definía su lugar dentro de la banda. No buscaba imponerse, pero su presencia ordenaba el caos. Su batería no era una máquina de exhibición técnica, sino un instrumento al servicio del groove, con una sensibilidad tomada del jazz y una economía de recursos que le daba a los Stones su balance inconfundible

El swing como identidad

Watts entendía algo esencial: los Rolling Stones no fueron una banda de rock duro en el sentido clásico, sino una formación sostenida por el swing. Su toque, basado en sutilezas y pequeños desplazamientos rítmicos, generó un pulso elástico que ninguna otra banda logró copiar del mismo modo

La relación entre su batería y la guitarra rítmica de Keith Richards fue el verdadero motor del grupo. Richards empujaba apenas por delante; Watts respondía un instante después; Bill Wyman, desde el bajo, sostenía todo desde atrás. Esa tensión mínima, casi invisible, fue una de las claves del sonido stone

La lección del tiempo exacto

En esa arquitectura silenciosa hubo también un gesto de autoridad. La anécdota de aquel episodio en Ámsterdam, en 1984, en el que Watts habría golpeado a Jagger después de que este lo llamara “mi baterista”, quedó como una muestra de su carácter: austero, firme y nada dispuesto a aceptar jerarquías invertidas

Detrás de esa figura reservada había, además, un fanático del jazz. Formado como diseñador gráfico y coleccionista apasionado, lideró proyectos paralelos como el Charlie Watts Quintet y una big band con la que rindió homenaje a sus referentes. Su biblioteca musical y sus objetos de colección reflejaban una relación profunda con la tradición que lo formó

El último gran concierto

El cierre de su historia con los Stones llegó el 30 de agosto de 2019 en Miami, en una noche atravesada por la amenaza del huracán Dorian. El show, previsto originalmente para un día después, tuvo que adelantarse por la emergencia climática y se convirtió en una actuación cargada de tensión, lluvia y emoción

Con banderas latinoamericanas en el estadio y un público multitudinario, la banda salió a tocar con una intensidad poco común. Watts, como siempre, sostuvo el pulso con serenidad. El recital terminó con “Brown Sugar” y “(I Can’t Get No) Satisfaction”, y ese redoble final quedó como su último golpe sobre un escenario

La pandemia detuvo el mundo al año siguiente y, poco después, llegó su muerte. Desde entonces, los Stones siguieron adelante, pero algo quedó irremediablemente atrás: ese latido exacto, elegante y humano que Watts hacía parecer fácil

Cinco temas para medir su grandeza

“Get Off of My Cloud” (1965): un ejemplo temprano de su energía frontal, con una batería urgente que empuja el tema desde el primer golpe

“Sympathy for the Devil” (1968): su entrada ordena una base dominada por la percusión y le da al tema una tensión precisa

“Honky Tonk Women” (1969): una clase magistral de síncopa, silencio y encaje perfecto con el riff de Richards

“Gimme Shelter” (1969): su uso del espacio y la dinámica construye la tormenta sin exceso de notas

“Beast of Burden” (1978): un groove amplio, sensual y respirable, donde cada golpe deja lugar para que la canción crezca

A cinco años de su partida, Charlie Watts sigue ocupando un lugar único en la historia del rock: el de un músico que no necesitó alzar la voz para cambiar el rumbo de una banda inmensa