Danny Pardo llegó a Estados Unidos con la idea de trabajar, no de actuar. Se instaló en Miami en 2001, abrió una distribuidora de galletitas y a los pocos meses el negocio cerró. A partir de ese golpe, su recorrido dio un giro que lo llevó del mundo empresarial a la ficción

Un curso de desarrollo personal lo hizo replantearse su historia. Entonces volvió a una idea que había quedado atrás desde la infancia: ser actor. Con esfuerzo y cierta cuota de oportunidad, empezó a sumar trabajos en televisión y cine, y abrió una carrera que lo llevó por distintas producciones en Estados Unidos y también en la Argentina

Del negocio roto a los sets de Hollywood

Antes de la actuación, Pardo se había formado en administración de empresas y marketing. Durante años trabajó como empresario, importó y distribuyó ruedas para transporte pesado y había logrado abrir un mercado nuevo en el país. También llegó a recibir una propuesta para trabajar en una compañía internacional, aunque ese plan finalmente no prosperó

Después de la caída de su emprendimiento en Miami, aceptó empleos de todo tipo para sostenerse. Llegó a trabajar como valet parking y atravesó momentos muy difíciles, incluso cerca de la calle. Ese tramo de su vida terminó por empujarlo hacia una búsqueda personal que, según cuenta, cambió su rumbo

Con el tiempo, empezó a conseguir papeles en novelas de Telemundo, series como Prison Break, The Shield y The Cleaning Lady, y películas como Planes, Fire and Rescue, Pretty Obsession, Contragolpe y Siete días en Las Vegas. En la Argentina también participó en Alguien que me quiera, Sos mi hombre y Entre caníbales

Una relación construida con Travolta

Su presente lo encuentra nuevamente junto a John Travolta en The Gentlemen Thief, secuela de High Rollers. Pardo interpreta a Salazar, un traficante de obras de arte que abre la película y se convierte en el antagonista de la historia

El rodaje compartido consolidó una relación cercana entre ambos. Trabajaron durante tres semanas entre Miami y Mississippi, y el vínculo, según Pardo, fue más allá de lo profesional. Hablaron de sus familias, de Argentina y de la vida cotidiana. El actor asegura que Travolta se mostró accesible, interesado y dispuesto a construir una amistad real

Pardo también destaca el costado más humano de una figura de ese tamaño. Dice que verlo de cerca le permitió entender el nivel de aislamiento que puede traer la fama y reafirmar que, detrás del mito, hay una persona con sus propias pérdidas y su propia intimidad

Una vida en movimiento

Hoy vive una rutina itinerante junto a su esposa, la colombiana Ana Amortegui, con quien tuvo una hija, Mila. La pareja se conoció trabajando en una película y desde entonces organizó una vida marcada por los proyectos y los cambios de ciudad

Pasaron por Albuquerque, volvieron a Los Ángeles, luego se instalaron en Chicago y ahora preparan otra mudanza a Nueva York. Para Pardo, esa movilidad es parte natural de su trabajo y de la forma en que construyó su familia. Después de haber quebrado, rehecho su carrera y llegado a filmar con una estrella de Hollywood, su historia sigue en tránsito