Una foto que contradice el ruido

Se repite la idea de que el cine argentino atraviesa una etapa terminal. Sin embargo, el mapa reciente de los grandes festivales muestra otra cosa: siguen apareciendo títulos nacionales en las competencias y secciones más visibles del circuito internacional

En la próxima edición de Venecia habrá presencia argentina en la Selección oficial con Biografía de Jorge Luis Borges, de Mariano Llinás, y con la coproducción Ritorno a Buenos Aires, de Marco Bechis. A eso se suman dos títulos en las Giornate degli Autori: A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, de María Aparicio, y El fantasma, de David Lamelas e Ignacio Masllorens

San Sebastián amplía el desembarco

La presencia no se agota allí. En San Sebastián, la sección Zabaltegui-Tabakalera recibirá A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, tras su paso por Venecia, y Pedro en el país, de María Alché y Benjamín Naishtat. El propio Naishtat también competirá en la sección oficial con Glaxo

En Horizontes Latinos figuran La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti, y El tren fluvial, que además ya pasó por Berlín. En jornadas especiales se verán la miniserie Mis muertos tristes y la comedia Lo dejamos acá, con Ricardo Darín y Diego Peretti

Más allá de los festivales de elite

También hubo títulos argentinos en Berlín, como El tren fluvial y el documental Bosque arriba en la montaña, de Sofía Bordenave. En Cannes, Lisandro Alonso presentó La libertad doble, pensada como una suerte de continuación de La Libertad, su película de 2001

Si se amplía la mirada, el panorama es todavía más claro. El último Bafici reunió 147 films nacionales en todos los formatos, aunque la selección final fue menos de la mitad de las postuladas. Y, al mismo tiempo, crecen las coproducciones con empresas y organismos de otros países

Menos subsidios, más ajuste de modelo

El cambio de esquema en los subsidios volvió más difícil el acceso al financiamiento, pero eso no frenó por completo la producción. Buena parte de las películas mencionadas ya se realizó bajo la nueva administración. A eso se suma que los estrenos nacionales de este año todavía incluyen un remanente de obras producidas antes, dentro de un stock previo de entre 600 y 700 películas

Hasta ahora, el año acumula 158 estrenos nacionales. La caída futura en la cantidad de producciones parece probable, pero eso no equivale a la desaparición del cine argentino. Sí anticipa otro tipo de financiamiento, otro tipo de películas y, probablemente, otro tipo de público

Lo que miden los festivales

La presencia en festivales no mide volumen de producción, pero sí calidad técnica, proyección comercial e importancia cultural. Son señales que pesan cuando se piensa en una cinematografía capaz de sostener una industria

Argentina ya vivió un ciclo fuerte en el cierre del siglo pasado y en la primera década de este, con un punto alto entre 2010 y 2017. Después, un sistema de subsidios demasiado orientado a sostener estructuras terminó debilitando ese impulso

Hoy, el interés de programadores y productores internacionales sugiere que todavía hay algo valioso en las pantallas locales. La discusión, entonces, no pasa por dar por muerto al cine argentino, sino por encontrar una forma más sólida y más conectada con el público de hacerlo crecer