Frida Kahlo tenía 18 años cuando el colectivo que la llevaba desde la Escuela Nacional Preparatoria hasta su casa fue embestido por un tranvía en Ciudad de México. El accidente, ocurrido en 1925, le provocó heridas que marcaron el resto de su vida
La joven sufrió fracturas en la columna vertebral, la pelvis y las costillas. También se quebró la clavícula y tuvo 11 fracturas en la pierna derecha. La barra de hierro del transporte atravesó su cuerpo desde el costado izquierdo hasta la zona pélvica y partió la pelvis en tres partes
Una recuperación atravesada por la inmovilidad
Los médicos que la atendieron en el Hospital de la Cruz Roja consideraron que sus lesiones ponían en duda que pudiera sobrevivir. Después de varias intervenciones quirúrgicas, Kahlo pasó largos períodos internada y luego permaneció en su casa, inmovilizada y con un corsé de yeso
En ese tiempo, su padre, Guillermo Kahlo, le acercó pinturas al óleo y encargó la construcción de un atril que le permitía trabajar acostada. La cama y el aislamiento se transformaron así en el escenario donde comenzó a desarrollar con mayor intensidad su lenguaje artístico
Los autorretratos como registro del dolor
En lugar de concentrarse en los paisajes, Frida dirigió la mirada hacia sí misma. Sus autorretratos se convirtieron en una forma de representar las operaciones, el dolor persistente, los abortos espontáneos vinculados con las lesiones en el útero y el deterioro de su salud
Una de las obras que mejor expresa esa experiencia es La columna rota. En ella, su cuerpo aparece sostenido por un corsé ortopédico y atravesado por clavos, imágenes que evocan la fragilidad y el sufrimiento físico que la acompañaron durante años
El final de una vida marcada por las secuelas
En 1953, una de sus piernas debió ser amputada debido a una gangrena. Un año después, el 13 de julio de 1954, Frida Kahlo murió a los 47 años por una embolia pulmonar
El choque de 1925 cambió su cuerpo y condicionó su vida, pero también impulsó una obra que la convertiría en una figura central del arte moderno. Su historia quedó asociada a una manera singular de transformar el sufrimiento en imágenes y de encontrar una forma de resistencia en la creación
“Pies para qué los quiero, si tengo alas para volar”, escribió la artista en una de sus frases más recordadas