El folklore argentino nunca dejó de formar parte de la vida cultural del interior del país. En Buenos Aires, en cambio, su presencia se manifestó a través de distintas etapas: las primeras presentaciones de Andrés Chazarreta, las peñas de los Hermanos Abalos, la llegada de músicos del Litoral, los estudios de grabación y el llamado folklore joven
Hoy, una nueva expansión combina festivales multitudinarios, peñas bailables, ciclos de música popular y propuestas audiovisuales. El fenómeno alcanza tanto a los grandes escenarios como a las salas pequeñas y los espacios de encuentro
Festivales para públicos diversos
El festival República Folklore se realizará el 21 y 22 de noviembre en el Parque de la Ciudad. Tendrá varios escenarios y reunirá a más de cincuenta artistas, entre ellos Soledad, Abel Pintos, Los Nocheros, el Chaqueño Palavecino, Peteco Carabajal, el Dúo Coplanacu, Los Tabaleros y Teresa Parodi
La organización difundió cifras que muestran el crecimiento de la música popular argentina en las plataformas digitales. Según esos datos, el folklore registró un aumento del 85 por ciento entre 2020 y 2025, mientras que sus reproducciones crecieron un 1.645 por ciento entre 2015 y 2025. Además, más de 16,5 millones de listas creadas por usuarios de todo el mundo incluyen canciones del género
La programación también refleja el vínculo entre tradición y renovación. Las nuevas generaciones incorporan ritmos folklóricos a sus preferencias musicales y amplían los públicos que participan de festivales, peñas y recitales
La Porteña: folklore, baile y comunidad
La Porteña nació por iniciativa de Daniel Dartiguelongue y Bautista Bourdieu, dos jóvenes porteños vinculados con el folklore. El proyecto comenzó hace casi una década en salas pequeñas y luego organizó encuentros en el Palacio Alsina, Museum y el Planetario
La propuesta combina la peña tradicional con una fiesta nocturna. Después de los grupos folklóricos, un DJ continúa la celebración con música bailable para quienes no frecuentan habitualmente el género
La segunda edición del Festival La Porteña se realizará el 12 de diciembre en el Hipódromo de Palermo. La primera convocatoria, celebrada a fines del año pasado, reunió a 10.000 personas
Los organizadores también impulsaron Sapucay, Grito de Fiesta, un ciclo que se realiza dos veces al año en Groove. Sus diez encuentros realizados entre 2025 y 2026 convocaron a 18.000 asistentes, con presencia tanto de público porteño como de personas llegadas desde el interior
La programación abarca estilos y generaciones diferentes: de Sele Vera y Flor Paz a Los Tabaleros, el Dúo Coplanacu y el payador Nicolás Membriani. La idea central, según sus impulsores, es construir una comunidad alrededor del encuentro y no únicamente de los artistas que participan
De las fiestas a las transmisiones
El nuevo impulso del folklore también se observa en propuestas como las peñas La Paila y La Morena, y en proyectos de streaming. Después de participar en el ciclo FA!, Milo J propuso a Mex Urtizberea crear Falklore!, una versión dedicada exclusivamente a la música de raíz
El proyecto incluyó un show en el Movistar Arena y dos grabaciones de las Sesiones Falklore!, una muestra de cómo el género puede dialogar con formatos contemporáneos sin perder su identidad
La intimidad de las guitarreadas
En el circuito de salas, Los Galgos, Hasta Trilce y el Patio de Ciudad Cultural Konex ofrecen propuestas que van de las zambas y chacareras a distintas expresiones de la música popular de raíz
El ciclo Ritual Criollo, que funciona en el bar Los Galgos, celebró recientemente sus dos años con dos funciones. Por allí pasaron artistas como Juan Falú y el dúo integrado por Micaela Vita y Juan Saraco
El ciclo busca recuperar la cercanía de las antiguas guitarreadas, con músicos sentados junto al público y canciones que circulan de una guitarra a otra. La frontera entre escenario y espectadores se vuelve difusa y genera un espacio de intercambio entre artistas de distintas generaciones
Otro punto de encuentro es La Peña de los Abrazos, en el Ecunhi, que durante una década convocó a personas dispuestas a escuchar, bailar, cantar y compartir alrededor de la música folklórica
Una historia de oleadas porteñas
En 1921, Andrés Chazarreta presentó sus espectáculos de danzas folklóricas en el teatro Politeama. Décadas más tarde, los Hermanos Abalos fundaron la peña Achalay en el sótano de la confitería Versalles, donde se reunieron grupos que definieron el formato clásico de cuatro cantores, tres guitarras y un bombo
Durante la década de 1950, Buenos Aires también recibió a destacados músicos del chamamé, como Ramona Galarza, Ernesto Montiel e Isaco Abitbol. Muchos intérpretes y compositores del Litoral llegaron detrás de las familias que migraban hacia el área metropolitana en busca de trabajo
En los años 60, la ciudad se convirtió en un amplificador para los artistas del interior. Sus estudios de grabación, sellos discográficos, emisoras de radio y canales de televisión ofrecían mayores posibilidades para desarrollar una carrera
La renovación y el regreso de las peñas
En la década de 1990, los festivales comenzaron a ser observados por representantes de compañías discográficas que impulsaron la etiqueta “folklore joven”. Soledad, Luciano Pereyra, Abel Pintos y Los Nocheros fueron algunos de los artistas asociados con aquella etapa de masividad
Sin embargo, la renovación estética había comenzado antes, durante los años 80, con figuras como Chango Farías Gómez, Peteco Carabajal, Cuti y Roberto Carabajal, Ica Novo y Raúl Carnota. También fueron importantes encuentros como Alternativa Musical Argentina y espacios de formación como la Escuela de Música Popular de Avellaneda
Entre fines de los años 90 y la primera década del siglo XXI, Buenos Aires volvió a llenarse de peñas. La Peña del Colorado, Del Abasto, La Señalada, Lo de Pueyrredón, Sonckoy Carabajal, Peña de la Ribera, La Resentida, El Desalmadero, La Eulogia y La Paila formaron parte de ese circuito. Algunas desaparecieron, mientras que otras continúan activas
En ese período también creció Músicas de Provincia, un ciclo impulsado por la cantante María de los Ángeles Ledesma que se transformó en un festival anual y funcionó como vidriera para artistas del interior y de Buenos Aires
La escena actual retoma esa historia y la proyecta hacia nuevos formatos. Entre grandes festivales, encuentros bailables, transmisiones y ciclos íntimos, el folklore vuelve a ocupar un lugar visible en la vida cultural porteña