Nicole Popper quedó en la memoria de una generación por su participación en Chiquititas sin fin, cuando tenía apenas 10 años. Allí interpretó a Paula Ramírez, la hermana de Nicolás “Tábano” en la ficción, y vivió una exposición que, con el tiempo, aprendió a mirar desde otro lugar
“No me arrepiento, lo disfruté”, explicó al repasar aquella etapa. También reconoció que el ritmo del éxito infantil le dejó una lección temprana: detrás de los sueños televisivos hay mucho trabajo y sacrificio
Hoy, a los 30 años, su recorrido artístico tomó otro rumbo. Después de formarse en la Universidad Nacional de las Artes y dirigir su primera obra a los 19, consolidó un camino propio en el teatro. Ya lleva cuatro puestas dirigidas y dice encontrar allí un espacio distinto, más cercano, lejos de la velocidad de las pantallas
El teatro como lugar de riesgo y presencia
Popper ve en el escenario una experiencia irrepetible. Para ella, el teatro exige otro tiempo y otra relación con el público, con la tensión de lo que ocurre en vivo. Esa intensidad, sostiene, no se parece a ninguna otra forma de trabajo artístico
Su mirada sobre la época digital también aparece en Max Garita, su proyecto más reciente, que reestrena el lunes 3 de agosto. La obra fue escrita durante el aislamiento de la pandemia y propone un tono oscuro e incómodo, muy distinto de la calidez de trabajos anteriores
La pieza parte de la metáfora de una garita de vigilancia para pensar la alienación laboral y la lógica de los algoritmos, que restringen lo que entra en nuestro campo de percepción. El protagonista es Max, cuidador de esa garita, interpretado por Camilo Polotto Javkin junto a Lautaro Noriega
La obra ya pasó por la 8.ª edición del Festival Callejón y por el ciclo Lado B de Fundación Cazadores. Ahora se presentará todos los lunes de agosto en el Teatro El Grito, en Costa Rica 5459, Palermo
Un recorrido que no siguió la inercia
Antes de la televisión, Popper había empezado en la comedia musical a los 8 años. Su familia la acompañó desde el inicio, aunque nadie venía del mundo artístico. También pasó por dos obras teatrales, entre ellas Derechos torcidos, de Hugo Midón, experiencia que le abrió la puerta a su primer representante y al casting que la llevó a Telefe
Después de Chiquititas, integró Televisión por la identidad en 2007 y siguió buscando proyectos, aunque la mayoría seguían ligados al universo infantil y juvenil. Con el tiempo, entendió que no había abandonado la actuación: simplemente eligió no seguir el camino automático de la fama
Mientras ensaya otra obra de su autoría, que espera estrenar el próximo año, no descarta volver a la pantalla si aparece la propuesta adecuada. Pero su presente está en otro lado: en la dramaturgia, la dirección y una identidad artística que decidió construir a su propio ritmo