Rosalía inauguró en Buenos Aires una serie de cuatro conciertos con una puesta que combinó liturgia, exceso y una precisión escénica milimétrica. Lejos de un simple repaso de hits, la noche se presentó como una obra en movimiento: cambiante, dramática y sostenida por una voz que alterna fragilidad y potencia con naturalidad
La apertura estuvo marcada por canciones de Lux, con la artista emergiendo desde una caja de madera rotulada como “frágil” y avanzando entre cambios de vestuario, coreografías y una escenografía que se armaba en tiempo real. Acompañada por la Heritage Orchestra, encadenó piezas como “Sexo, violencia y llantas”, “Reliquia”, “Mio Cristo Piange Diamanti” y “Berghain”, en un arranque que dejó al público más atónito que eufórico
Antes de seguir con el repertorio, Rosalía tomó la palabra para disculparse por una acción reciente en redes y recordó su paso por Buenos Aires en 2019, cuando se presentó en el Lollapalooza. También agradeció el apoyo del público argentino y dijo sentirse profundamente ligada a esa audiencia desde el inicio de su carrera
El tramo central del concierto fue un cruce entre introspección y desborde. Pasaron “Saoko”, “La fama”, “La combi Versace”, “De madrugá” y “El redentor”, en un bloque que empujó el pulso hacia la pista sin perder el refinamiento del montaje. Entre cambios de luz, escaleras blancas, arreglos orquestales y guiños al pop más inmediato, el espectáculo fue mutando de la solemnidad al vértigo
Uno de los pasajes más comentados llegó con el segmento de participación del público, en el que la invitada fue Ángela Torres, quien contó una historia sentimental que terminó en final feliz. Después vino “La perla”, con una coreografía de manos enguantadas que acompañó uno de los momentos más delicados de la noche
Más tarde, Rosalía leyó carteles de fans, cantó unos versos de “Alfonsina y el mar” y convirtió ese ida y vuelta en una escena de cercanía inesperada
El cierre mantuvo la intensidad hasta el final. Sonaron “Sauvignon Blanc”, “La yugular”, “Dios es un stalker”, “La rumba del perdón”, “CUUUUuuuuuute”, “Bizcochito” y “Despechá”, antes de una falsa despedida. Luego volvió para cerrar con “Magnolias”, un final que resumió el espíritu de la noche: una artista que se mueve entre la devoción, el artificio y la emoción con una seguridad total