Bajo el título “Dos Miradas de Rusia”, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires presentó en el Teatro Colón su décimo concierto de abono, con un programa que reunió la Sinfonía N° 15 de Dmitri Shostakovich y el Concierto para piano y orquesta N° 3 de Serguéi Rachmaninov. La dirección invitada estuvo a cargo de Srba Dinić y el solista fue Aristo Sham
La densidad de Shostakovich, con lectura firme
La primera parte quedó dedicada a la última sinfonía del compositor ruso, una obra de escritura compleja, de atmósfera enigmática y cargada de referencias musicales que exigen una lectura atenta y precisa. Dinić logró dar cohesión a un material lleno de quiebres, guiños y contrastes, donde la orquesta mostró variedad de colores, detalles tímbricos y una respuesta sólida en los distintos grupos instrumentales
El primer movimiento concentró buena parte de esa riqueza expresiva, con pasajes de notable belleza en las cuerdas y solos destacados del concertino Xavier Inchausti. En el segundo movimiento, el cello de José Araujo aportó un adusto y sensible
Luego, en el tramo final, la obra recuperó impulso con la presencia de los metales y el peso de las percusiones, hasta llegar a un cierre silencioso e inusual que dejó en claro la ambigüedad y la modernidad de la partitura
Antes del intervalo, la orquesta despidió al flautista Claudio Barile, figura histórica del organismo, que integró durante 52 años
Aristo Sham y un Rachmaninov de alto voltaje
La segunda parte ofreció un cambio de clima inmediato. Aristo Sham, nacido en Hong Kong en 1996 y ganador del último Concurso Internacional Van Cliburn, asumió el Tercer Concierto de Rachmaninov con una versión de gran solidez técnica y musical
La partitura, una de las más exigentes del repertorio pianístico, plantea desafíos extremos: resistencia física, potencia sonora, claridad en los pasajes más densos y capacidad para sostener el canto sin perder línea ni transparencia. Sham respondió con precisión rítmica, control del sonido y una claridad poco común en los tramos de mayor velocidad y complejidad
Lejos de cualquier efectismo, el pianista privilegió la concentración y el servicio a la obra. Su ejecución combinó virtuosismo, equilibrio y una calma llamativa frente a una pieza de enorme demanda. Como bis, ofreció una transcripción de Bach: la Gavota de la Partita para violín N° 3 en Mi mayor, BWV 1006, en la versión difundida por Rachmaninov
La velada terminó con una ovación de pie para el solista y para una Filarmónica que encontró en este programa dos maneras distintas de potencia rusa: la introspección ambigua de Shostakovich y el despliegue pleno de Rachmaninov