ROSARIO. Juan José Gómez, de 26 años, fue asesinado a balazos en la puerta de un complejo de departamentos de Garibaldi al 2400, en las inmediaciones del barrio Itatí. De acuerdo con los primeros testimonios, un sicario le disparó desde un Peugeot 208 gris y huyó sin ser identificado

La víctima, conocida como “Juancito”, fue trasladada al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez, donde solo pudieron confirmar su muerte. Los investigadores todavía no identificaron a los autores del ataque

Del paraavalanchas de Central al de Newell’s

Gómez había sido cercano a Andrés “Pillín” Bracamonte, el exjefe de la barra brava de Rosario Central asesinado en noviembre de 2024. En la interna que siguió a ese doble crimen, él y su hermano, apodado “Gamuza”, quedaron desplazados de la facción Los Guerreros

Después de esa caída, Gómez terminó acercándose a sectores vinculados con Newell’s Old Boys. En Rosario, ese tipo de corrimientos ya no se leen como una simple mudanza de colores: suelen responder a alianzas, protección y negocios ligados a bandas narco que disputan el control de las tribunas

Meses después de la muerte de Bracamonte, Gómez apareció en el entorno de Juan Domingo “Cascarita” Ramírez, otro hincha que también había cambiado de vereda. Ramírez fue baleado en julio de 2025 frente al Hospital de Niños Víctor J. Vilela y murió dos semanas más tarde

Una muerte atravesada por causas policiales

La trayectoria de Gómez también quedó marcada por la causa del llamado autoatentado de Norma Acosta. En septiembre de 2025 fue imputado por intimidación pública agravada y abuso de armas, acusado de haber organizado una balacera contra la casa de la mujer para montar una falsa denuncia contra jefes policiales

Gómez se entregó en Asuntos Internos, pasó diez meses detenido y recuperó la libertad en julio. Poco más de un mes después lo mataron

Su asesinato se suma a la serie de muertes que dejó la pelea por el poder en la barra de Rosario Central tras el crimen de Bracamonte. Con el liderazgo aún inestable y los sectores criminales en disputa, las esquirlas siguen golpeando a los eslabones más débiles de la cadena

En Rosario, el caso vuelve a exponer cómo las barras dejaron de funcionar como grupos ligados solo al fútbol y pasaron a integrar una trama más amplia, donde conviven territorio, droga, violencia y lealtades cambiantes