Dormir bien y despertar sin alarma no depende de una sola receta. Pero sí hay hábitos que, según especialistas, pueden acercar el descanso a un ritmo más natural y sostenido

Respetar un horario estable

La primera recomendación es encontrar el horario de sueño propio. Aunque para muchas personas el objetivo ideal es dormir ocho horas, algunas necesitan siete y otras nueve

Ir a la cama a una hora regular y lo bastante temprana para completar ese descanso puede ayudar a que el cuerpo entre en rutina. Si el horario actual está muy corrido, una forma de acercarse al objetivo es adelantar media hora la hora de acostarse y la de levantarse cada día, hasta llegar al ritmo deseado

Usar la luz a favor del descanso

La luz natural cumple un papel central en el reloj circadiano. Exponerse a la claridad durante el día ayuda a que el organismo entienda cuándo debe estar despierto

Por la noche, en cambio, conviene bajar la intensidad de las luces para facilitar la producción de melatonina y preparar al cuerpo para dormir

Reducir estímulos antes de dormir

El uso excesivo del celular en los minutos previos al sueño puede interferir con el descanso. También es útil bloquear las notificaciones nocturnas para evitar interrupciones y señales confusas para el cerebro

Cenar antes y moderar el alcohol

La rutina nocturna también incluye la comida. Cenar siempre a la misma hora, idealmente unas tres horas antes de acostarse, puede favorecer el equilibrio del ritmo circadiano

El alcohol, aunque a veces haga más fácil quedarse dormido al comienzo, termina alterando el descanso más adelante e inhibiendo la fase REM