Los autos eléctricos crecieron con fuerza en la Argentina durante 2026. En los primeros siete meses del año se patentaron 4490 unidades 100% eléctricas, una suba de 880% frente al mismo período del año anterior. Aun así, siguen siendo una porción pequeña del mercado total

Ese salto, sin embargo, anticipa un escenario que llegará más adelante: el de los eléctricos usados. Cuando esas unidades entren al circuito de reventa, la gran pregunta ya no será solo cuántos kilómetros tienen, sino en qué estado real quedó su batería

La batería pasa al centro de la escena

En un auto convencional, el kilometraje suele servir como referencia inicial. En un eléctrico, en cambio, la variable clave es el estado de salud de la batería, conocido como SOH. Ese dato busca estimar cuánta capacidad original conserva la batería, pero no se traduce de manera directa en autonomía, porque influyen el estilo de manejo, la velocidad, la temperatura y la topografía, entre otros factores

También existe otra referencia, el SOCE, que compara la energía utilizable actual con la que la batería tenía certificada de origen. En China, una norma vigente desde julio fijó métodos comunes para evaluar esa durabilidad y limitó a cinco puntos porcentuales la posible sobreestimación entre el dato del vehículo y la medición física

Además, estableció referencias mínimas para ciertos modelos: 82% de energía utilizable a cinco años o 100.000 kilómetros, 75% a ocho años o 160.000 km, y 70% a diez años o 200.000 km

El problema no es la degradación, sino medirla

Los antecedentes de mercados más maduros muestran que la pérdida de capacidad no siempre avanza de forma lineal ni tan rápido como se teme. Un relevamiento de la empresa sueca Carla, basado en 9954 pruebas de baterías realizadas entre 2022 y 2026, encontró que los vehículos analizados conservaban en promedio 98,6% de salud en los primeros 10.000 km, 94,4% a los 50.000 km y 92,4% cerca de los 100.000 km

Eso no elimina el desafío comercial. Lo que define la segunda mano de un eléctrico no es asumir que la batería está mal, sino demostrar con precisión cuál está en buen estado y cuál no. Por eso gana valor el diagnóstico independiente, una prueba que puede hacerse de forma rápida y con acceso al sistema de diagnóstico del vehículo

Ese tipo de chequeo incluso puede mejorar el precio de reventa si confirma una batería en buen estado. En mercados más desarrollados, el valor residual de los eléctricos viene acercándose al de los autos a combustión

Un mercado local todavía demasiado chico

En la Argentina, el escenario sigue siendo incipiente. El volumen de eléctricos usados todavía no alcanza para hablar de un mercado consolidado y los concesionarios no tienen experiencia suficiente en este tipo de operaciones

Hoy, los eléctricos casi no ingresan como parte de pago y las referencias locales son escasas. Por eso, cuando crezca la oferta, habrá que resolver preguntas concretas: cuánto vale cada unidad, qué certifica el estado de su batería y cómo comparar dos autos aparentemente iguales pero con desgaste distinto

La tasación final, de todos modos, no dependerá de un solo indicador. En la práctica, combinará la batería, el estado general del vehículo y la mirada técnica de quien lo evalúe. En los eléctricos usados, el precio no lo va a definir solo el modelo: lo va a definir, sobre todo, la batería