El bicarbonato de sodio se ha vuelto un habitual de la limpieza doméstica y su uso sobre el colchón gana terreno cada mes. La idea es sencilla: espolvorearlo, dejarlo actuar y aspirarlo después. El resultado, sin embargo, es más limitado de lo que sugieren muchos tutoriales

Lo que sí hace

Su utilidad principal está en la química. Al ser una base débil, reacciona con compuestos ácidos presentes en el sudor y en otros restos orgánicos que se acumulan en la cama. Esa reacción ayuda a neutralizar olores en lugar de taparlos

Además, el bicarbonato absorbe parte de la humedad superficial. Ese efecto puede contribuir a un entorno menos favorable para ácaros, moho y bacterias, aunque no los elimina por sí solo. Al aspirarlo, también ayuda a desprender polvo fino, células muertas y residuos adheridos a la tela

Lo que no consigue

No mata ácaros del polvo. Tampoco actúa contra hongos o bacterias de forma efectiva. Y su alcance químico es limitado: funciona sobre olores ácidos, pero no sobre otros más alcalinos, como el amoníaco

Otro punto importante es la aspiración posterior. El polvo levantado durante la limpieza puede aumentar las partículas en suspensión, así que conviene usar una aspiradora con filtro HEPA, sobre todo en hogares con personas asmáticas, niños pequeños o mayores

Cómo usarlo bien

La forma más eficaz es aplicar una capa fina y uniforme sobre un colchón ya aspirado. Conviene dejarlo actuar al menos una hora, aunque el margen más útil suele estar entre ocho y veinticuatro horas

La frecuencia depende del hogar. En condiciones normales, basta con hacerlo cada tres o seis meses. Si hay mascotas, humedad ambiental o alergias respiratorias, puede repetirse cada mes. En casas con bebés, personas mayores o inmunodeprimidas, puede hacerse cada seis semanas