Bill Gates modificó el tono con el que durante años habló sobre la inteligencia artificial. El cofundador de Microsoft dijo que hoy le preocupa más la velocidad con la que estas herramientas están avanzando y el impacto que pueden tener sobre el trabajo, la seguridad y el desarrollo de los chicos

Una preocupación que creció en el último año

Gates señaló que en los últimos doce meses aumentó su inquietud por la expansión de las capacidades de la IA. Mencionó progresos en tareas de oficina, junto con el riesgo de ciberataques y otros usos dañinos, y sostuvo que todavía no ve suficiente avance para frenar esos efectos

Aunque mantiene una mirada optimista sobre el potencial de la tecnología, ahora pone el foco en los problemas más inmediatos. Para él, la innovación puede traer soluciones, pero no elimina por sí sola los riesgos que ya están en marcha

Empleo, seguridad y niñez, en el centro del debate

Entre sus alertas, Gates ubicó la posibilidad de que la IA facilite fraudes, ataques informáticos y hasta el desarrollo de armas biológicas. También advirtió sobre la destrucción de puestos de trabajo, tanto por software como por robots que integren estas capacidades

Como respuesta, mencionó alternativas como nuevos impuestos vinculados a la tecnología y un esquema que reservaría ciertos empleos para trabajadores humanos. Además, expresó preocupación por el efecto de estas herramientas en el aprendizaje y en los vínculos durante etapas sensibles del crecimiento

Más regulación y rol activo del Estado

El empresario sostuvo que las compañías del sector no pueden autorregularse por completo y pidió una intervención más fuerte del gobierno estadounidense. También planteó la necesidad de marcos nacionales e internacionales para supervisar los riesgos de la IA

Su propuesta incluye la participación de funcionarios electos, especialistas y ciudadanos en ese control. Según dijo, busca que el tema tenga respaldo bipartidista y que no quede librado solo a las empresas

Los beneficios que todavía ve

Pese a sus reparos, Gates sigue convencido de que la inteligencia artificial puede mejorar la salud, la educación y los servicios públicos. También destacó que ya aporta ayuda en tareas agrícolas y en regiones con menos recursos

Su conclusión es que la sociedad deberá decidir cuánto riesgo está dispuesta a tolerar para aprovechar esos beneficios. Y dejó en claro que planea dedicar gran parte de su tiempo a buscar respuestas para los problemas que abre esta tecnología