La vida cotidiana puede parecerse a una montaña rusa: acumula velocidad, atraviesa curvas y continúa sin una pausa clara. Para Gisela Gilges, life coach y conferencista formada en Psicología, Neurología y Recursos Humanos, ese ritmo sostenido deja al cerebro sin espacio para aquietarse y puede expresarse en ansiedad, irritabilidad, dificultades para dormir y síntomas físicos
A partir de esa observación, Gilges desarrolló el concepto de biopausia, definido como una pausa consciente dentro de la vida diaria. Su propuesta busca detener la aceleración antes de que el cuerpo termine expresando aquello que las emociones mantuvieron en silencio
Una pausa breve, pero deliberada
La especialista sostiene que la pausa no requiere necesariamente vacaciones ni cambios drásticos. Puede consistir en unos minutos de atención plena durante una actividad cotidiana. Como ejemplo, propone concentrarse en los aromas del shampoo, la sensación del agua y el contacto con el propio cuerpo durante la ducha, sin anticipar conversaciones ni problemas pendientes
La estrategia parte de los cinco sentidos y busca que cada persona elija uno para recuperar la atención sobre el presente. También contempla momentos de transición, como un nacimiento, un cambio laboral, un divorcio o un casamiento, que pueden requerir un descanso para procesar lo que está ocurriendo
Para Gilges, una pausa no debe transformarse en otra obligación. La clave está en preguntarse qué ocurre internamente frente a una situación determinada y ordenar los pensamientos antes de actuar. Desde esa perspectiva, descansar no depende solo del evento, sino de la manera en que se lo atraviesa
Del descanso a la transformación
El concepto de biopausia aparece desarrollado en el libro homónimo de Gilges. Un año después publicó Amarantia, segunda parte de una trilogía cuyo tercer volumen está previsto para 2027. El nombre alude al amaranto, una flor asociada con la permanencia y la transformación
En ese segundo libro, la autora se enfoca en qué sucede después de la pausa: cómo una persona puede reinventarse y volver a empezar. El proceso se organiza alrededor de tres dimensiones: la mente, las emociones y el cuerpo. Según su planteo, cuando esas áreas dejan de estar alineadas aparece una inconsistencia que puede dificultar cambios sostenidos
La propuesta consiste en identificar lo que se siente, ponerlo en palabras y revisar la distancia entre los pensamientos, las emociones y lo que se expresa hacia afuera. Modificar una de esas partes puede ayudar a movilizar las otras, aunque instalar un nuevo hábito demande más esfuerzo que mantenerlo una vez incorporado
Las señales de una rutina sin descanso
Gilges vincula la falta de pausas con una mente permanentemente activa y con problemas para dormir. En sus conferencias, afirma que alrededor del 70% de los participantes levanta la mano cuando pregunta quién duerme mal. En ese grupo incluye a quienes tardan en conciliar el sueño, se despiertan varias veces o descansan apenas cuatro o cinco horas
La especialista también sostiene que revisar la propia historia puede modificar la manera de afrontar el futuro. Para ella, el pasado, el presente y el porvenir están conectados, y volver a narrar una experiencia desde otra perspectiva puede asociarla con emociones diferentes
Su mensaje central es que no es necesario atravesar una crisis para aprender a detenerse. La pausa puede convertirse en un hábito cotidiano y, desde allí, abrir un proceso de cambio gradual. En ese recorrido, la felicidad no aparece como un estado permanente, sino como una experiencia compatible con la tristeza, la seriedad y las dificultades