BRASILIA. En el Palacio del Planalto consideran que dos resultados electorales modificaron el escenario bilateral: la reelección de Luiz Inacio Lula da Silva, tras derrotar a Flavio Bolsonaro el 25 de octubre, y la victoria demócrata en las elecciones de medio término estadounidenses, que otorgó a la oposición el control de ambas cámaras del Congreso

La lectura del entorno presidencial brasileño es que la presión ejercida por Donald Trump, desde los aranceles hasta las sanciones contra funcionarios, tenía un objetivo electoral: favorecer un cambio de gobierno en Brasil y acercar al país a Washington. Con Lula nuevamente en el poder, esa estrategia habría perdido parte de su sentido

Un Congreso como contrapeso

El gobierno brasileño ve ahora una posibilidad de normalización pragmática, pero no de alianza. Las diferencias sobre la ONU, la guerra con Irán, el clima y la regulación de las grandes empresas tecnológicas seguirán abiertas

La expectativa central está puesta en el Congreso estadounidense. En Brasilia creen que sus nuevas mayorías demócratas podrían dejar de reforzar la agenda de la Casa Blanca y actuar como un freno institucional

El politólogo Marco Antonio Teixeira considera posible esa normalización. A su juicio, el resultado electoral debilitó el programa de Trump y convirtió al Congreso en un contrapeso. También estimó que el presidente estadounidense podría moderarse por la presión inflacionaria que generan los aranceles

El debilitamiento del bolsonarismo en Washington

La derrota republicana también reduce el respaldo político que el bolsonarismo tenía en Estados Unidos. Además del Departamento de Estado, ese espacio contaba con legisladores republicanos que actuaban como sus voceros

En el gobierno brasileño anticipan que ese espacio podría ser ocupado por sectores interesados en investigar a la administración Trump. Entre los asuntos bajo atención figura el recorrido del dinero relacionado con Dark Horse, una película sobre Jair Bolsonaro. La Justicia brasileña investiga un pago de unos 60 millones de reales realizado por el banquero Daniel Vorcaro y transferido a Estados Unidos

Otro caso es la salida de Flavio Bolsonaro de Brasil, después de que la Justicia le ordenara entregar sus pasaportes. El hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro pasó por Ecuador y la Argentina antes de llegar a Miami. Flavio niega haber recibido ayuda de gobiernos y afirma que conservará en secreto las circunstancias de su salida

El exsenador podrá permanecer al menos un año en Estados Unidos bajo un estatus migratorio humanitario. Su hermano Eduardo tiene residencia permanente en Texas, estado cuya gobernación quedó recientemente en manos demócratas. En Brasilia no esperan cambios inmediatos en esa situación

La disputa por las visas

El terreno diplomático aparece como el ámbito donde podría producirse el primer acercamiento. La escalada bilateral derivó este año en una disputa de visas: Brasil negó permisos a dos funcionarios del Departamento de Estado y demoró el beneplácito para Daniel Perez, designado embajador en Brasilia. Washington respondió revocando la visa de la embajadora brasileña Maria Luiza Viotti

Después de las elecciones brasileñas, el gobierno de Lula había previsto definir la situación de Perez. Si no aparece un nuevo obstáculo, podría otorgarle el beneplácito, aunque todavía no está resuelto el futuro de Viotti

Brasil también espera un gesto político: que Washington deje de cuestionar la elección y reconozca a Lula como presidente electo. La primera prueba será el encuentro previsto en Francia entre el secretario de Estado Marco Rubio y el canciller Mauro Vieira, durante la reunión del G7

La negociación comercial sigue pendiente. Estados Unidos debía enviar, después de las elecciones brasileñas, un borrador de acuerdo para resolver la disputa arancelaria, pero el documento todavía no llegó

La incertidumbre regional

En el Planalto también analizan qué política adoptará Trump en América Latina. Una posibilidad es que busque victorias simbólicas para recuperar apoyo entre los votantes latinos antes de 2028. En ese escenario aparecen Venezuela, Cuba y Nicaragua

Teixeira plantea una hipótesis diferente: tras el peso que tuvo Irán en la derrota electoral, Trump podría abandonar parte de su intervencionismo y priorizar el diálogo

Brasil observa además la crisis paraguaya tras la renuncia de Santiago Peña, ocurrida en medio del colapso del Ueno Bank y de un proceso de juicio político. Aunque el gobierno de Peña era considerado cercano a Washington, Brasilia interpreta que su caída responde principalmente a factores internos y busca evitar que la crisis derive en inestabilidad

La conclusión del entorno de Lula no es que la región esté girando ideológicamente, sino que varios gobiernos oficialistas enfrentan desgaste. La expectativa brasileña es que otros gobiernos, como los de José Antonio Kast en Chile y Daniel Noboa en Ecuador, entiendan que confrontar gratuitamente con Brasil puede resultar costoso