La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) difundió una serie de mensajes para advertir sobre los mitos del amor romántico y sus posibles efectos en la vida de las personas, dentro y fuera de una relación

Entre las ideas que cuestionó están la creencia en “la media naranja”, los celos como muestra de amor y la idea de amar hasta olvidarse de uno mismo. El organismo sostuvo que estos patrones pueden esconder formas de violencia

Amar también implica libertad

La CNDH afirmó que amar desde la libertad, el respeto y la igualdad también es un derecho

Señaló que el miedo a estar solo o sola puede llevar a tolerar dinámicas violentas, lo que afecta el derecho al libre desarrollo de la personalidad, al impedir que cada persona decida si quiere tener pareja, permanecer soltera o construir vínculos afectivos

También advirtió que romantizar el maltrato por presión social o por temor a “fracasar” puede normalizar la violencia y vulnerar el derecho a una vida libre de agresiones y a la integridad personal

En el mismo sentido, explicó que considerar los celos como prueba de amor puede legitimar el control, la desconfianza y la idea de poseer el cuerpo o la vida de otra persona, lo que afecta la libertad, la privacidad y la autonomía

Además, apuntó que idealizar la entrega total en una relación puede borrar límites de autocuidado y justificar el abandono de proyectos personales, en detrimento de la igualdad y la dignidad

El amor, entre lo biológico y lo social

Más allá del plano emocional, el amor también se entiende como un fenómeno biológico, cerebral y social. Durante el enamoramiento, se activan circuitos vinculados con la supervivencia y la formación de vínculos

Ese proceso suele describirse en tres fases: deseo, impulsado por hormonas sexuales; atracción, asociada con la dopamina y la euforia; y apego, relacionado con la oxitocina y la vasopresina, que fortalecen los lazos duraderos

Las investigaciones también muestran que la química cerebral del amor es similar en distintas orientaciones sexuales y que existen formas de vínculo fuera del modelo romántico tradicional. Incluso personas asexuales o arrománticas pueden establecer conexiones profundas

En ese marco, el amor no depende solo de la biología: también está atravesado por la cultura, las normas sociales y los valores aprendidos. Por eso, los vínculos afectivos se construyen a partir de la historia personal y del contexto en el que cada persona vive