En La Habana, conseguir agua se ha convertido en una rutina marcada por esperas, filas y cubetas en la calle. La falta del servicio afecta a los vecinos durante largos períodos y obliga a muchas familias a improvisar para cubrir una necesidad básica

El colapso del sistema estatal, golpeado por la crisis energética y la corrupción, ha agravado el problema. A ello se suma la expansión de bombas clandestinas, una respuesta informal que refleja el deterioro de la red de distribución y la fragilidad del abastecimiento

En este escenario, el acceso al agua depende cada vez más de la capacidad económica de cada hogar. Mientras algunos pueden recurrir a alternativas en el mercado informal, otros quedan atrapados en un sistema caro, inestable y sin garantías de continuidad